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Sociedad Orwelliana
Hace más de sesenta años, George Orwell imaginó en su novela titulada 1984 una sociedad que funcionaba sometida a una disparatada organización y a una implacable vigilancia. El propósito del Gran Hermano, como nombra al supremo jefe, es que todos se sientan vigilados. Que el miedo no permita el pensamiento crítico, y solo quede espacio para la obediencia y la fidelidad a la causa. Más que vigilar, el trabajo de la llamada Policía del Pensamiento es que todos se sientan vigilados. Incluso coloca telepantallas en las calles y edificios para crear una sensación de omnipresencia del ojo del Gran Hermano que los vigila.
Espionaje
Hasta ahora, ni el Ejército ni la Policía han dicho una sola palabra sobre las graves y públicas acusaciones de espionaje a civiles que pesan sobre ellos. Y para casos como estos, sí aplica aquello de que “el que calla otorga”. Grave, no tanto por lo espiado, que más bien parecen chapucerías, sino porque con ello parece estarse marcando una peligrosa línea que nos dice: de ahora en adelante sus vidas serán espiadas descaradamente, y nos importa un bledo que las leyes lo prohíban.
Nuevos grupos sociales
La sociedad orwelliana de 1984 está dividida en tres grupos: uno, el Consejo dirigente del partido único, que son quienes mandan y disfrutan las riquezas; dos, los “externos”, que son el resto de miembros del partido, la burocracia estatal, carnetizada por obligación, y quienes son sometidos a una estricta vigilancia y a una propaganda alienante. Deben dar muestras de fervor fanático hacia el partido y al Gran Hermano. Son quienes en las marchas y concentraciones deben gritar las consignas que se les “oriente”. Y el tercer grupo es el de los “proles”, masa por la que “se lucha” pero se le considera y se le mantiene sin capacidad de pensar. A ellos se les vigila menos. “A los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno”.
Vigilancia anunciada
Revisemos el caso del periodista Ismael López. Los espías hicieron todo lo posible para que se diera cuenta que estaba siendo espiado. Le avisaron a la familia, se reunieron con él y le demostraron que conocían cada una de sus rutinarias actividades, lo interrogaron sobre información trivial sobre su trabajo, cuando hubiese bastado entrar a la página web de su periódico para tener esas respuestas y, sobre todo, hicieron lo posible para que se supiese quiénes eran ellos: espías del Ejército. ¡Habrase visto calidad de espías estos!
Ministerios
En el Estado orwelliano funcionan el Ministerio del Amor (Minmor), que educa y castiga inculcando un amor férreo por el Gran Hermano y las ideologías del partido; el Ministerio de la Paz (Minpax) es el encargado de la guerra y de que la nación viva en guerra permanente bajo la premisa de que “la guerra es la paz”; el Ministerio de la Abundancia (Mindancia), que regula la economía y se encarga del racionamiento; y el Ministerio de la Verdad (Minver) que se encarga de destruir las evidencias históricas del pasado y crear uno nuevo acorde a la figura del Gran Hermano y el partido.
Hipótesis
Entonces, ¿cuál era el propósito de espiar ahora a Ismael, y antes a monseñor Mata y al equipo de LA PRENSA? ¿Por qué procuraron que los espiados se diesen cuenta que eran espiados? Caben varias hipótesis. Una, que estos sean los peores espías del mundo. Dos, quieren intimidar a los periodistas que ellos consideran “objetivos de vigilancia”. Y tres, quieren provocar una reacción de autocensura en el poco periodismo independiente que aún queda en Nicaragua, bajo la advertencia de que “si no se comportan como queremos, tengan presente que aquí en el poder tenemos gente sin ninguna clase de escrúpulos”.
Disparates
¡Cuánto disparate!, piensa uno, con las ocurrencias de Orwell. Sin embargo, mas de sesenta años después, como si la vida real fuese más bien el pastiche de esa novela, aparece alguien haciéndose llamar “Pueblo Presidente” (ya sería demasiado que se bautizara Gran Hermano), en Venezuela se crea el “Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo” y en Nicaragua se decreta “Vivir Bonito” mientras se profundiza, como hemos visto, esa perversión orwelliana de hacer sentir a todos los miembros de la sociedad que “el Gran Hermano te vigila”. ¿Acaso será una Policía del Pensamiento? ¡Hace 64 ya se burlaban de los disparates que algunos creen estar descubriendo!
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