El santuario de los chocoyos

Cuando venga se dará cuenta de que el canto oficial de este bosque es interpretado por centenares de chocoyos que retozan entre las ramas de los árboles. Es a ellos a quienes hace honor el nombre de la Reserva de Vida Silvestre El Chocoyero-El Brujo.

Por José Denis Cruz

Cuando venga se dará cuenta de que el canto oficial de este bosque es interpretado por centenares de chocoyos que retozan entre las ramas de los árboles. Es a ellos a quienes hace honor el nombre de la Reserva de Vida Silvestre El Chocoyero-El Brujo.

Bienvenido pues. Usted ha llegado a un bosque tropical húmedo, ubicado a 38 kilómetros de la capital, donde lo que más podrá observar son chocoyos.

La reserva cuenta con más de 56 especies de mamíferos, 32 reptiles y 11 anfibios. De ellos es posible escuchar a los monos cara blanca, ver a los guardabarranco o tocar a los saltamontes. La naturaleza aquí se siente mientras se adentra al bosque.

En la parte más baja y húmeda del refugio se presenta un bosque de árboles altos y rectos que pierden sus hojas en verano. Ejemplo de estos son el guayabón y el guabillo.

Ya en la ladera de El Chocoyero-El Brujo los suelos van perdiendo humedad y profundidad. Aquí viven árboles de ramas retorcidas que están más expuestos al viento, como los jiñocuabo y el chapernillo, de acuerdo con el guía turístico Alejandro Velázquez.

Según Velázquez, el refugio cuenta con un área protegida de 135 hectáreas en su núcleo, más una zona de amortiguamiento de 1,500 manzanas, la mayoría de estas con plantaciones de café. A sus alrededores la población cultiva piña, pitahaya, plátano y granos básicos, los cuales son ofrecidos a los turistas a lo largo del camino.

Puede conocer el lugar tomando cualquiera de los tres senderos que se ofrecen: El Chocoyero, La Pechuga y El Congo. El primero tiene una extensión de 1,200 metros desde el Centro de Atención al Visitante, el segundo más de dos kilómetros y el tercero aproximadamente dos kilómetros y medio.

Todos los senderos lo llevan a las cascadas El Chocoyero y El Brujo. Las aguas que descienden de las alturas son utilizadas para abastecer de agua potable a la población.

La particularidad de la cascada El Chocoyero —de 25 metros de altura— es que podrá contemplar el revoloteo de los centenares de chocoyos buscando sus nidos en las paredes del farallón. Ahí habitan y es por ellos que se les nombró así.

La cascada El Brujo también tiene su historia. De acuerdo con el guía Alejandro Velázquez, hace decenas de años los pobladores se asombraron porque el agua que caía desde las alturas desaparecía al tocar tierra. “Ellos creían que el lugar estaba embrujado”, relata el guía.

“Para ellos era imposible que un gran caudal no formara un río al pie de la cascada y simplemente desapareciera de la nada. La razón por la que no hay río es porque el agua es filtrada por el suelo volcánico de la zona”, dice Velázquez.

Si decide visitar la reserva puede dormir en casas de campaña y despertar con el cantar de los chocoyos y el inmenso bosque verde. La experiencia será inolvidable.

La cascada El Chocoyero tiene una altura de 25 metros y el agua que desciende es utilizada para el consumo de las comunidades rurales.

En el Refugio de Vida Silvestre El Chocoyero-El Brujo existen más de 56 especies de mamíferos, 32 reptiles y 11 anfibios. Tiene una extensión de 135 hectáreas.

En el Centro de Visitantes podrá observar muestras de las serpientes y mamíferos que habitan el Refugio de Vida Silvestre.

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