Cleinis era un joven y rico ganadero que vivía cerca de la ciudad de Babilonia, en Oriente Medio y poseía extensos rebaños. Era muy devoto de los dioses Apolo y Artemisa y estos lo retribuían con su cariño y protección.
De algunos viajeros que habían recorrido lejanas tierras Cleinis oyó que en el país de los hiperbóreos se solía sacrificar burros en honor de Apolo. La Hiperbórea era un país fantástico que según la creencia de la gente de aquellos tiempos estaba localizado en algún lugar mucho más al norte de Tracia.
Según las leyendas que se transmitían de persona a persona y de pueblo a pueblo, en la Hiperbórea vivía Bóreas, el viento del Norte o Boreal y de allí el nombre de aquella tierra maravillosa, la cual supuestamente estaba habitada por individuos gigantescos e inmortales (por lo que de hecho eran dioses pues solo las divinidades podían tener la inmortalidad), pero sus costumbres eran muy primitivas y rudimentarias.
Cada cierto tiempo Apolo conducía su carro de fuego a la Hiperbórea y se quedaba allí los días necesarios para rejuvenecerse. Por eso la gente imaginaba que debía haber allí un gran templo en honor de Apolo, y se contaba que en él los hiperbóreos sacrificaban burros en los servicios religiosos, en vez de ovejas, cabritos y terneras como era la costumbre en todas otras partes.
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También se decía que en la Hiperbórea vivía Medusa, la monstruosa mujer que en la cabeza tenía serpientes venenosas en vez de cabellos y petrificaba a quienes se atrevían a verla a los ojos o por descuido se los miraban. Medusa no era originaria de Hiperbórea, pero fue enviada al exilio allí, castigada por Atenea por haber tenido una relación sexual con Poseidón, el dios de los mares.
De la Hiperbórea se decía igualmente que había visitada por hombres de otro continente lejano, pero se asustaron mucho de ver a los gigantes rústicos y no volvieron jamás.
Cabe recordar, pero en este caso como hecho histórico, que el mito de la Hiperbórea cobró notoriedad en la Europa del siglo pasado, pues según el ocultismo nazi que promovía Adolfo Hitler allí se habría originado la supuesta “raza aria” superior. De acuerdo con el mito nazi, los alemanes puros debían descender de los hiperbóreos y estaban llamados por el destino a exterminar a las “razas inferiores”, sobre todo a los judíos (a los cuales clasificaban como raza), los eslavos, los africanos y los gitanos. Hitler incluso creó una entidad de investigación “científica” llamada Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, la cual tenía como misión demostrar que la locura racista hitleriana tenía fundamento real, histórico, cultural y biológico.
Pero volviendo al mito de Cleinis, el caso es que a este le gustó mucho la idea de sacrificar burros en vez de ovejas, vaquillas y cabras, quizás porque estos animales de crianza eran más valiosos que los asnos. Sin embargo, cuando ya iba a sacrificar su primer burro, tuvo que cambiar de idea cuando Apolo le advirtió enérgicamente que podría perder la vida si se atrevía a hacer tal cosa. Reiteró Apolo que solo se podía sacrificar cabras, ovejas y terneras, y después de esto, de manera prudente Cleinis trasladó la advertencia de Apolo a su familia, que también se había interesado en el sacrificio de burros.
Cleinis estaba casado con una mujer llamada Harpa (de cuyos antecedentes no he encontrado referencias) y juntos procrearon a cuatro hijos, tres varones y una hembra: Licio, Ortigio, Harpaso y Artemisa (pero esta no es la diosa de ese nombre, por supuesto).
Como suele suceder desde los tiempos antiguos, los hijos de Cleinis pretendieron desconocer la advertencia de su padre y persistieron en querer sacrificar burros en el templo. Entonces Apolo enfureció a los asnos, que atacaron a los miembros de la familia de Cleinis y estuvieron a punto de matarlos.
Cleinis y su familia lograron salvarse porque los dioses se apiadaron de ellos, pues siempre habían sido gente correcta, de manera que los convirtieron en aves que emprendieron vuelo hasta perderse de vista en la lejanía del cielo.
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