Amartya Sen y las capacidades humanas

Rómulo Sánchez Leytón

Amartya Sen, filósofo y economista del desarrollo, nacido en Bangladesh, en 1998 fue galardonado con el Premio Nobel de economía. Es muy conocido por sus trabajos sobre la hambruna, la teoría del desarrollo humano y la economía del bienestar social. No menos importantes son las investigaciones acerca de la pobreza subyacente. Ha enseñado en prestigiosas universidades como Cambridge, Oxford, y actualmente enseña en Harward.

Una de las obras más influyentes del profesor Sen es Pobreza y Hambruna: Un ensayo sobre el derecho y la privación, en el que demuestra que las hambrunas no son causadas por la escasez de alimentos, sino por la falta de mecanismos adecuados para su distribución. Sus investigaciones no solo se reducen a hablar de las hambrunas o la violencia, también realiza contribuciones fundamentales a la economía del desarrollo, las que han influenciado decisivamente en la formulación del Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y han provocado un impacto profundo en las políticas de desarrollo de muchos países.

Aunque la escuela desarrollada por Sen no es del agrado de todo el mundo, la misma ha permitido reorientar políticas de desarrollo. No es exagerado señalar que el profesor Sen es una excepción entre los economistas del siglo XXI por establecer una ética del desarrollo a los problemas fundamentales del mundo globalizado y, proponer soluciones en torno a los mismos.

No por casualidad el Premio Nobel de economía 1997, Robert Solow, lo caracterizó como “la conciencia moral de la profesión económica”. Es decir, del desarrollo del pensamiento de una economía con rostro humano, pero también el del razonamiento. Sin duda alguna uno de los conceptos más revolucionarios en el pensamiento de Amartya Sen es el de las capacidades. Al desarrollar los indicadores económicos y sociales, insistió en que no existe libertad, si las capacidades no permiten convertir los derechos en libertades reales. La contribución significativa de Sen ha sido unir en capacidades los conceptos de funcionamientos y libertad. Es decir, “el ser y hacer”.

Los gobiernos deberían ser juzgados en función de las reales capacidades de sus gobernados, de nada sirve el derecho al voto, si los ciudadanos no tienen capacidades para ejercer plenamente este derecho. Solo si se tienen los medios, pueden tener la efectiva facultad de realizar la elección.

Para Sen es importante distinguir la libertad positiva y la libertad negativa. De nada sirve tener aptitud para obtener alimentos frente a una hambruna, si no existe la capacidad real de adquirir los bienes necesarios para escapar de la misma y por ende de la muerte.

Las capacidades humanas y en particular la destreza y la capacidad productiva de toda la población, “ha contribuido a atemperar y humanizar la concepción del desarrollo”, subraya Sen. No obstante duda del hecho de que al reconocer el capital humano, ayudará a comprender la trascendencia del ser humano en el proceso de desarrollo.

El desarrollo es, en última instancia la capacidad de la gente para realizar actividades elegidas y valoradas de forma libre. Después de todo, como señala Sen: “Sería inapropiado ver a los seres humanos como simples ‘instrumentos’ del desarrollo económico” y no como un fin en sí mismo. Por tanto, ningún proceso de desarrollo puede emerger independiente del ensanche de las capacidades humanas. Así por ejemplo, poseer educación y salud son capacidades humanas vitales que permiten a las personas tomar decisiones en áreas claves o para elevar la productividad de un país. Sin educación estas opciones son limitadas.

Las personas que no leen ni escriben tienen más riesgos de caer en la pobreza, la marginación laboral y padecer de enfermedades. Al mismo tiempo, el ser humano marginado tiene poca participación en las decisiones que afectan su vida. En el Informe de la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social (Francia 1998 Informe Sarkozy), Stiglitz y Sen sentencian: “En efecto lo que realmente importa son las capacidades de las personas”.

Sin duda alguna Amartya Sen es la reserva ética y moral del oficio filosófico y no menos de la economía para ponerla en función de la gente. Es indudable que un elemento clave para el progreso lo constituye el factor moral, los valores y la libertad. El autor es Economista de la UNAN.

Columna del día Opinión Amartya Sen archivo

COMENTARIOS

  1. Harold Cedeno
    Hace 13 años

    Saludes Profesor!!!

  2. Niña Vìctima de los Ochenta
    Hace 13 años

    Interesante, me diò suficiente informaciòn para desear leer sus libros y poder buscarlos.

  3. Patrcio Lopez Muñoz
    Hace 13 años

    No uso la palabra competencia que reune o resume las capacidades adquiridas: adiestramiento laboral, nivel tecnico, nivel academico, conocimientos cientificos, disciplina laboral, nada de tantos dias feriados como sucede en nicaragua; cultura de emprendedurismo que hacen que una sociedad sea mas desarrollada que otra.

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