Querida Nicaragua: Se afirma constantemente que somos el país más seguro de Centroamérica. Me pregunto: si nosotros somos los más seguros, ¿cómo serán los demás?
Aquí son cosa de todos los días los asesinatos, catalogados como “pasada de cuentas”, lo que en alguna forma nos hace pensar en ciertas mafias que se mueven en la clandestinidad. Hay violencia constante contra la mujer, maltrato y asesinatos de mujeres. Hay muertes de inocentes como el de ese joven de Pantasma, víctima de fuego cruzado entre el Ejército y gente armada en la montaña, a la que las autoridades se refieren como “bandas delincuenciales”.
Y se dice que somos el país más seguro de Centroamérica. ¿Cómo serán Honduras, El Salvador y Guatemala? A Costa Rica no la menciono porque ese sí es un país mucho más seguro que todos los centroamericanos.
Según las informaciones que nos llegan, en Honduras hay cualquier cantidad de muertos cada mes, igualmente en El Salvador y Guatemala. Y en nuestra Nicaragua nunca falta un hecho de sangre, permanentes conflictos políticos por fraudes en elecciones municipales, turbas ahora motorizadas sembrando el terror entre quienes protestan por los abusos del Gobierno y un total irrespeto a las leyes.
Este contraste entre Costa Rica y los demás países centroamericanos se debe a una palabra mágica: Educación.
Costa Rica tuvo un prócer que logró llegar al poder a mediados del pasado siglo. Con sus virtudes y defectos ese prócer fue don José Figueres Ferrer. Se puede decir de él cualquier cosa, pero nadie puede negar que fue el hombre que puso en marcha la educación y la democracia en su país.
Aquí tuvimos muchos héroes, el principal de ellos Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, pero lamentablemente fue asesinado y no pudo darle a su patria lo que Figueres le dio a la suya.
Pocos hombres en el mundo son capaces de hacer en su nación lo que hizo José Figueres Ferrer en Costa Rica. Ante un fraude electoral que le arrebató la presidencia a don Otilio Ulate, para imponer a don Teodoro Picado, Figueres se levantó en armas con la revolución de liberación nacional. Ganó la revolución y no hizo lo que otros hicieron: convertirse en dictador y hacerse dueño del país, confiscar al partido contrario y a los simpatizantes del gobierno derrocado. Figueres no hizo lo que hicieron Fidel Castro y sus aventajados alumnos, los nueve comandantes que padecimos aquí.
Figueres entró triunfante y tomó el poder por un año. En ese tiempo abolió el Ejército, fomentó la educación y creó la institucionalidad de la nación. Al final del año 49 entregó el poder a quien legalmente le correspondía, a don Otilio Ulate, el ganador de las elecciones y a quien le habían hecho fraude.
Figueres fue presidente en 1953 en elección libre, ganando por abrumadora mayoría, cercana al ochenta por ciento, también fue presidente en el año setenta, igualmente en elecciones envidiablemente limpias. Fue Figueres quien enrumbó a Costa Rica por el sendero de la educación y la democracia.
Desde 1948 a esta parte Costa Rica ha tenido sesenta y cinco años de paz y un pueblo con educación elemental hasta en sus más humildes estratos. Ha sabido conservar la democracia y elegir en paz cada cuatro años a un nuevo mandatario. Y raras veces hay conflictos políticos internos, pues cuando un presidente se comporta mal y pierde el apoyo popular, el pueblo espera pacientemente a que termine su período para, en una nueva elección, sustituirlo por otro.
De Costa Rica no vienen noticias de crímenes atroces o de “pasadas de cuentas”. Si ocurre algún hecho violento es la excepción y no la regla general. De ese sí se puede decir que es el país más seguro de Centroamérica, y quizás de América Latina.
Y cuál es la fórmula mágica para lograr que un país viva en paz y democracia. La educación. Educación y más educación. El autor es director general de Radio Corporación.
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