En Nicaragua actualmente tenemos un gobierno inconstitucional, lo que indudablemente es evidente ante los ojos de todo el mundo. ¿Por qué esta situación? ¿Consideramos que los que mal gobiernan nuestra nación están inspirados en lo que dijo el senil dictador de Cuba: “¿Por qué permitiste perder las elecciones (1990 )? Yo nunca he perdido una elección desde 1969”.
Pero esto es simplemente porque en los sistemas comunistas solamente hay un partido que nunca entrega el poder. Pero aquí hay varios partidos, entonces las elecciones son fríamente calculadas para ganarlas con el recuento de votos y el engranaje está aceitado para dar el triunfo al que pierde. Su eslogan es: “Viva la fraudulencia”.
Nuestro voto no tiene valor, pues siempre triunfan los sandinistas por la maquiavélica maquinación del Consejo Supremo Electoral, sumiso y servil al Ejecutivo. El dictador Somoza hacía lo que hacen todos los dictadores, sin embargo, el país era quizá el mejor desarrollado de Centroamérica.
En 1979 entró el maléfico sistema comunista que arrasó con lo bueno que teníamos, nuestras exportaciones eran de un mil millones de dólares igual que Costa Rica, y diez años después se redujeron a US$$250. Existía el Banco Nacional que brindaba una exquisita atención al pequeño agricultor con 248 agrónomos que brindaban asistencia técnica y crediticia. En esa triste década primero eliminaron el Crédito Rural y terminaron con el Banco, porque nadie pagaba porque ellos instaban al no pago. Cuando perdieron las elecciones en 1990, porque funcionaba un Consejo Supremo Electoral auténtico y honesto, se llevaron todos los recursos y la piñata hizo ricos a muchos.
Los gobiernos de doña Violeta, Alemán y Bolaños no pudieron erradicar completamente los vestigios del mal porque este mandaba desde abajo, y luego volvió al poder de arriba ante el ego y la prepotencia política de los partidos. Se le entregó en bandeja plata nuevamente el poder y, evidentemente, al recordar su error del noventa, no lo dejará por ningún motivo.
Hoy tenemos encima una maquinaria con influencias diabólicas, que emplea toda clase de artimañas evidentes y subliminales para hacer creer que todo está muy bien. Con los resabios del comunismo de emplear la mentira abierta o solapada, se pregonan grandes progresos económicos y sociales, se alteran los índices y, al repetirlos constantemente, se hace caer a la gente precisamente en lo que ellos quieren, en la hondonada donde la mentira pasa como verdad.
Los contactos con sectores sociales que dicen que la situación está bien y que pueden influir en decisiones, como lo estima la empresa privada, es precisamente la maquinación subliminal de presentar una imagen positiva. Pero olvidamos que el totalitarismo existe. Los poderes del maligno que se ciernen en nuestro país han cegado totalmente a los que devengan un buen sueldo y se han convertido en marionetas que repiten con seguridad su adhesión al dictador. Todos los poderes del Estado, que debieran ser autónomos, están alegremente dispuestos a decir “sí, señor”, sumidos en evidente silencio. Pero, ¿qué dirán dentro de algunos años cuando la historia registre todo el triste acontecer de nuestro país en esta época?
Aflige al pueblo que la Policía Nacional también sigue el mismo rumbo. Dicen que las exportaciones han aumentado en sobremanera, pero si nos comparamos con Costa Rica aflora a nuestras mentes la similitud que teníamos con los ticos en 1979 y que si no ha sido por la nefasta fantasía de la década perdida, estaríamos mejor que ellos.
Veía hacer poco una película sobre los últimos días de Hitler y cómo le servían servilmente los generales y mariscales, a pesar de que ya los rusos estaban cerca de Berlín. Parece que la fuerte influencia de un hombre evidente o subliminal con influencias del averno perforan la mente y la dignidad de los que lo rodean. La democracia para ellos no existe, solamente la democracia popular que, en el auge del comunismo, no les sirvió por mucho tiempo y resultó en un fracaso total. A pesar de todo, el pueblo, pero el verdadero, no el sumiso al dictador, sabe que los poderes del demonio terminarán como han terminado todos los que se creían inmortales y poderosos. Las evidencias del mal y lo subliminal también. Ojalá esto se revierta en un futuro no lejano. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.
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