Escuela para sordos necesita de manos amigas

Sordos envían un SOS

Lejos de ser un triste y silencioso lugar, la Escuela Cristiana de Sordos Isaías 29:18, está llena de jovialidad. En las aulas de clases los estudiantes ríen y platican a través del lenguaje de señas.

Escuela para sordos necesita de manos amigas

Carla Torres Solórzano

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La Escuela Cristiana de Sordos Isaías 29:18 tiene 15 años de funcionamiento.

Actualmente atiende a 135 niños en las modalidades de preescolar, primaria y secundaria y educación vocacional.

Las clases se imparten de manera oral y a través del lenguaje de señas, ya que cuenta con 33 alumnos oyentes, los demás son sordos.

También ofrece cursos técnicos para quienes deseen a prender el lenguaje de señas y convertirse en interpretes.

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Lejos de ser un triste y silencioso lugar, la Escuela Cristiana de Sordos Isaías 29:18, está llena de jovialidad. En las aulas de clases los estudiantes ríen y platican a través del lenguaje de señas.

Las matemáticas apasionan a Ariel Ernesto quien, a sus once años, ya está en cuarto grado, nos cuenta con orgullo su madre, Dulce María Artola, mientras el pequeño mueve rápidamente sus manos para conversar con sus compañeros de clases.

Al igual que Ariel Ernesto, 135 niños reciben educación en dicho colegio ubicado en el kilómetro 10, Carretera Vieja a León.

Noritza Figueroa, directora del centro de la Escuela de Sordos asegura que este centro enfrenta dificultades económicas que ponen en riesgo la atención en algunas modalidades de estudio.

Además explicó que es urgente el apoyo del Ministerio de Educación (Mined) para que les brinde subvención económica y se les integre al programa de Merienda Escolar.

“Con los aportes que dan los padres de familia apenas se logra cubrir un cuarenta por ciento de los gastos de la institución. A partir de 2014, la colegiatura tendrá un incremento para poder garantizar el pago de planilla”, dijo Figueroa.

También se apuntó que se necesita el apoyo de las diferentes organismos nacionales e internacionales, así como empresas privadas y personas altruistas que apoyen en la alimentación para los estudiantes del internado.

“La mayoría de nuestros internos son niños sordos de escasos recursos económicos y provienen de diferentes departamentos del país”, dijo Figueroa.

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