Raúl Amador Somarriba (*)
Cada vez más personas ven el mercado de capitales como una oportunidad para maximizar su dinero. Por ello es importante aprender a identificar aspectos claves de estas transacciones y que hoy abordamos aquí.
Antes de cualquier inversión lo primero es definir nuestro perfil como inversionista. Se hace con base en las necesidades existentes, objetivos y características propias. Determinar estos factores es elemental para establecer los productos o instrumentos que conformarán nuestro portafolio.
Un aspecto clave es considerar la tolerancia al riesgo. Esto es la capacidad financiera de asumir las pérdidas de una inversión y la disposición psicológica para enfrentarla. Aunque esto se crea sobreentendido, no todo inversionista guarda la calma ante la posibilidad de perder sus ahorros, así sea una mínima parte y tenga además solvencia para ello. Otra manera de ver la tolerancia al riesgo son las expectativas, es decir cuánto deseo ganar (rendimiento) por las potenciales pérdidas que puedo obtener.
El horizonte de inversión es otro factor fundamental y se refiere al tiempo que se contempla mantener el dinero en un instrumento determinado. Un ejemplo a largo plazo es una persona de 40 años que planea retirarse a los 60 años. Con esto en mente podría comprar un instrumento que vence en 15 años y que, al liquidar en su momento, le permitirá gozar de sus años de jubilación.
En este caso, dado el horizonte de inversión, se privilegia de colocaciones que pueden ser mantenidas por un tiempo mayor, lo que permite tolerar fluctuaciones de precios en el corto plazo. El objetivo es lograr una rentabilidad mayor que con las inversiones de corto plazo, pero asumiendo riesgos potenciales más altos.
Caso contrario es una persona mayor con un horizonte de inversión a corto plazo. Este inversionista podrá privilegiarse de la liquidez y la obtención de un rendimiento estable, lo que significa menos riesgo, pero también un beneficio menor.
La situación financiera propia también debe ser objeto de análisis. Primero deberá considerar su nivel de endeudamiento y el capital con que cuenta, así como la necesidad de liquidez que pueda presentarse en un momento determinado. Para esto conviene preguntarse: ¿Qué tan estables son mis ingresos? ¿Cubren todos mis gastos o mis gastos son mayores? ¿Cuáles son mis obligaciones financieras? ¿Cuento con un capital solo para inversión? Estas preguntas deberá hacérselas no solo a usted, sino su asesor financiero antes de tomar la decisión de invertir su capital.
La capacidad para dar seguimiento a sus inversiones es de suma importancia. Existen instrumentos que obligan a estar pendiente de los cambios en sus rendimientos o valor, lo que incluso requiere de conocimientos y habilidades para operar en ellos de forma adecuada, ya que su manejo podría ser un peligro en manos inexpertas.
Finalmente, deberá definir su expectativa de rentabilidad, es decir cuánto dinero pretende ganar con la inversión. Una vez que se conoce el perfil, se pasa a definir el objetivo de inversión con base en necesidades y metas reales. Estos deben ser específicos, medibles, realistas y, sobre todo, alcanzables.
Para esto es importante tener claro qué desea alcanzar con su inversión, en cuánto tiempo planea cumplir ese objetivo y si estará dispuesto a arriesgar o asumir las pérdidas que resulten. De esta manera, los instrumentos a incluir en su portafolio serán aquellos que, con la asesoría adecuada, le permitan alcanzar sus metas.
Así sea para contar con los recursos que le permitan pagar la universidad de sus hijos, contar con un plan de retiro, duplicar los ahorros o percibir una renta por el pago de sus obligaciones cotidianas, tener objetivos claros y una asesoría adecuada son la base para una inversión exitosa.
(*) Vicepresidente de Invercasa Puesto de Bolsa.
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