Para neutralizar cualquier suspicacia que rodeara a la sustitución temporal de la jefatura del Estado por parte del vicepresidente, Boudou dijo el lunes, cuando se anunció la intervención quirúrgica de la mandataria, que la situación no es nueva y que no “genera ninguna incertidumbre”.
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AP
La convalecencia de la mandataria argentina, Cristina Fernández, tras someterse a una intervención quirúrgica que le drenó un coágulo de sangre en la cabeza, generó incertidumbre sobre quién y cómo se van a tomar las decisiones clave en un gobierno marcado por el fuerte personalismo de la presidenta y cuando su remplazo es un vicepresidente cuestionado y bajo investigación de la justicia.
Pese a que la salud de Fernández, de 60 años, evoluciona favorablemente tras la cirugía practicada este martes, sus médicos aún no informaron si la presidenta regresará a su despacho en la Casa de Gobierno en 20 o 45 días, lo que preocupa a analistas y opositores, quienes señalaron que el vicepresidente Amado Boudou no está a la altura del desafío de gobernar un país.
La presidenta ha sufrido un duro revés electoral en las primarias para cargos legislativos del pasado 11 de agosto, en las que el oficialismo dilapidó más de la mitad de votos obtenidos por Fernández cuando fue reelecta en 2011 con el 54 por ciento de los votos.
El deterioro de los principales indicadores económicos, una inflación galopante y las restricciones a la compra de dólares han contribuido a una caída de la imagen positiva de Fernández.
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