Querida Nicaragua: En tiempos de la colonia en El Realejo, Nicaragua, en Panamá y en el Perú, había un intenso comercio de indios. Estos no tenían derechos, eran esclavos de los conquistadores. Y estos, individuos desalmados en la mayoría de los casos, trataban a los indios como bestias de carga, o peor aún, porque a las bestias se les da de comer, se les hace descansar en un potrero y al día siguiente se les pone a trabajar.
Para los pobres indios no había ni días ni horas, no había familia pues los separaban de su mujer y de sus hijos. Y cuando los mercaderes de esclavos requerían pedidos urgentes, los indios eran embarcados como ganado y despachados a Panamá o al Callao en el Perú, mediante la paga de tal cantidad por cabeza.
Gracias a Dios aquellos tiempos pasaron y terminó el suplicio del comercio de esclavos indígenas. En realidad ¿pasarían aquellos tiempos? Hoy en día la esclavitud y el comercio con las personas se manifiesta en otra forma, no por distinta, menos inmoral y aberrante. Parece ser que en el mundo nunca terminará la explotación brutal del hombre por el Estado, ya que a la relación obrero patronal no se le puede llamar explotación del hombre por el hombre, desde luego que el obrero recibe un salario más o menos aceptable y prestaciones justas de acuerdo con las leyes.
Actualmente, un esclavista moderno, el inefable don Fidel Castro, comercia con médicos cubanos, los vende a buenos precios. Según lo comenta en su columna el destacado periodista uruguayo y expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, don Danilo Arbilla, el dictador ecuatoriano Rafael Correa ha resuelto contratar a mil médicos cubanos, por treinta millones de dólares anuales, pese a las protestas de los médicos ecuatorianos, lo cual tiene sin cuidado al dictador Correa.
Correa trae médicos cubanos de mediocre formación y no mejores que los médicos ecuatorianos con lo cual el propio presidente ecuatoriano crea desocupación. Los médicos cubanos cuestan dos mil quinientos dólares per cápita por mes. A Correa le saldría mucho más barato y con mejores resultados invertir en médicos locales.
En teoría el gran negocio sería para los médicos cubanos que con ese salario bailarían en una uña. Pero no es así. Esos millones de dólares no van para los médicos sino que son enviados al Gobierno de Cuba y este es el que, después, les paga a los médicos un sueldito. Es decir, que los médicos cubanos son pertenencia del gobierno y solo reciben el pequeño salario que el gobierno les quiera dar. Los Castro son los que hacen el negocio del siglo, reciben una millonada de dólares, de los cuales sacan un pequeño porcentaje para los médicos que exportaron.
Para los médicos cubanos esto no constituye un castigo, sino todo lo contrario, escapan de la opresión de la isla, de la escasez y el racionamiento y tienen trabajo, casa y comida.
Pero desde el punto de vista humano, la exportación de médicos vendiéndolos a determinado precio, y sacando pingües ganancias es una trata de seres humanos, una trata de personas tal como existen los delitos gravísimos de la trata de blancas y la trata de adolescentes para explotarlas.
Los Castro vienen a ser en el mundo moderno, lo que eran los conquistadores de antaño negociando a los pobres indios y embarcándolos hacia Panamá, o el Perú o Méjico. Cambian los tiempos y las vestimentas, pero es el mismo tráfico de personas. Antes traficaban indios, hoy trafican médicos.
Hoy se compran médicos sin ética ni moral y se desprecia a profesionales cultivados en universidades donde el juramento Hipocrático es sagrado y donde han recibido una educación moralizadora. El amor y la compasión por el paciente son los principales atributos de un verdadero médico. Y lamentablemente en Cuba no se conocen estas asignaturas. El autor es director general de Radio Corporación.
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