El viernes pasado LA PRENSA publicó bajo el título “Aeropuerto millonario pero sin uso”, que la construcción del aeropuerto llamado La Paloma costó 10.9 millones de dólares, según el informe de la agencia calificadora SCRiesgo que refiere la situación financiera a marzo de 2013 de la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales (EAAI).
Y que para cubrir la inversión del Aeropuerto de Ometepe y el de San Juan de Nicaragua, en el departamento de Río San Juan, la EAAI terminó endeudándose con la Cooperativa de Ahorro y Crédito, Caja Rural Nacional (Caruna) con 18 millones de dólares.
El trabajo publicado por Lucía Navas y Ramón Villarreal indica que en la pista del nuevo Aeropuerto La Paloma de la isla de Ometepe los únicos usuarios son las vacas que arrean los ganaderos de la zona y uno que otro isleño en moto que la usa como atajo. Hasta aquí parte del tema que me ocupa hoy.
Recuerdo que hace varios años se debatían dos opciones: construir un aeropuerto en Ometepe o completar la carretera adoquinada en toda la isla que se había iniciado en la administración del entonces presidente Enrique Bolaños Geyer. Y a partir de ahí hubo muchas opiniones tanto de funcionarios de gobierno, como de representantes nacionales del sector turismo y nativos de la isla. Don Enrique dejó el gobierno y llegó nuevamente al poder el comandante Daniel Ortega Saavedra, como presidente constitucional.
Para resumir el asunto, la Alcaldía sandinista de Altagracia continuó con la ejecución de la construcción de la carretera financiada con un préstamo del Banco Mundial (BM) rumbo hacia las comunidades del volcán Maderas. Este préstamo será pagado con los impuestos que todos los nicaragüenses enteramos al Fisco. No es ninguna regalía.
Sin embargo, también tomó fuerza la construcción del Aeropuerto La Paloma, hasta que se concluyó al obra con 1,500 metros de longitud y su terminal aérea frente a la majestuosidad del volcán Concepción.
La iniciativa estuvo bien, la obra está bien, pero ahora tenemos otra situación: el aeropuerto que es una bendición, se convierte a la vez en una fuerte presión acompañada de un débil apoyo gubernamental condicionado políticamente y una banca privada que parece no tener el interés suficiente sobre el sector turismo.
El aeropuerto debió ser construido sobre la base de un programa de desarrollo integral y lógico de Ometepe, y del turismo en Nicaragua, no obstante, la lógica de ese desarrollo que incluye obras de infraestructura y servicios públicos adecuados, fue alterada.
No hay una carretera adoquinada o pavimentada que una a toda la isla, el servicio de agua potable no es bueno en todo Ometepe, incluso, en algunas comunidades no hay. La energía eléctrica ha sido un problema para los nativos y la atención en salud está muy lejos de ser lo ideal para un destino turístico como Ometepe que ahora tiene un aeropuerto.
Ometepe necesita un fuerte impulso gubernamental sin ser excluyente y de la banca privada para que pueda ofrecer servicios de buen nivel para turistas que tienen mayor capacidad de pago y acostumbrados a exigir calidad. Tal como está la isla y si llegaran dos o tres vuelos charter desde Costa Rica, por ejemplo, los turistas se encontrarían con una infraestructura débil y un producto turístico que no está listo. Es decir, no hay compensación entre la magnitud de esta obra, el aeropuerto, con el resto del desarrollo integral de la isla. Este salto, visto desde una butaca por los ojos de un especialista, a todas luces observaría que no fue lógica ni programada la construcción del Aeropuerto La Paloma, ni se tomaron en cuenta aspectos colaterales.
El mayor peligro de todo esto es que se siga subestimando el mercado y eso no es correcto. Si esta actitud de desorden continúa, se puede causar mucho daño al destino turístico.
Ahora queda trabajar varias veces más de lo normal, tener un buen apoyo gubernamental sin sesgo político, apoyo de la banca privada, una visión técnica y no política de los proyectos de las alcaldías de Ometepe y sobre todo, cambio de actitud de los nativos. Por favor ometepinos, sinónimo de turismo no es tener feas pistas de baile al aire libre que perjudican la salud de los vecinos, instalar más cantinas, bares y restaurantes con mal servicio o construir sin normas técnicas autorizadas hospedajes que solo dan mucho de qué hablar y perjudican más el destino turístico. El esfuerzo por relanzar Ometepe es de todos.
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