Twitter: @Fabian_Med
Derroche
Dígame usted, ¿qué sentido tiene gastar más de 500 millones de córdobas cada año en una Asamblea Nacional, donde los diputados solo sirven para aprobar sin mayor razonamiento lo que les mandan “desde arriba”? Se ha vuelto norma que las leyes se aprueben, uno, en trámite de urgencia; dos, casi por unanimidad; y tres, prácticamente sin cambiar nada de lo que les llegó. Prohibido discutir. Prohibido alterar. Se premia la opinión borrega y se castiga la disidente. Y no vengan con el cuento de que se logran “amplios consensos” como se acostumbra justificar el borreguismo, porque ahí nomás está el ejemplo descarnado en las reformas a la Ley 779 aprobadas ayer. Dos diputados sandinistas que en su momento expresaron con vehemencia una opinión propia, al final tuvieron que tragársela, y terminaron votando contra ella. Claro, el miedito. Fresca está todavía la sangre de la decapitación de la diputada Xochilt Ocampo, quien osó por unos minutos pensar fuera de la manada. ¿Qué sentido tiene entonces gastar tanto dinero en diputados que no pueden ser diputados? Dígame usted.
Politizar
Lo peor que podría ocurrirle al caso de la estafa a las monjitas es que se politice como se acostumbra hacer en Nicaragua. Es un delito común y ahí debe quedarse, sin que los adversarios políticos de los implicados quieran aprovecharse para golpear a tal o cual organización, y sin que los implicados quieran victimizarse por las mismas razones para salvar su pellejo. La politización de los casos judiciales es una de las grandes taras que padecemos. Es una especie de hoyo negro donde las culpas se retuercen, se enredan y se pierden. Las causas se desvanecen. Y los inocentes parecen culpables y los culpables, inocentes.
Caso Alemán
Es lo que sucedió con Arnoldo Alemán. Alemán fue condenado, más por interés político que por los delitos que cometió. A mí no me queda duda de que era culpable de muchos de los delitos por los que se le acusó. Pero así como estoy seguro que no fue por hacer justicia que fue a dar con su humanidad a la cárcel, también sé que no fue por justicia que luego salió libre.
El adiós de las tortugas
El ritual de apareamiento y desove de las tortugas es un mecanismo fascinante que ha funcionado durante millones de años como un perfecto reloj biológico que las lleva a nadar miles de kilómetros para regresar a reproducirse a las mismas playas en que nacieron. Nicaragua es una de esas costas privilegiadas. Pero este año las tortugas no llegaron para nuestra vergüenza y alarma. Estamos perdiendo la calidad de santuario. ¿Dejaremos de ser el lugar donde sucede el milagro de las tortugas? Porque, en el mejor de los casos, si las tortugas decidieron buscar nuevas playas por todos los obstáculos y amenazas que encuentran en las nuestras, las crías ya no estarán programadas para venir acá, hagamos lo que hagamos. O, peor aún, si las matanzas son ciertas y masivas, tampoco vendrán más porque posiblemente ya no queden más tortugas para reproducirse. Una tragedia.
Culpas
El problema no es usar una tarjeta para el pago de los buses. A mí me parece una buena idea. El problema es instalar un sistema de pago electrónico, sin darle a los usuarios la posibilidad de acceder a él, porque la recarga se volvió engorrosa y limitada. Atribuir todo el desastre provocado por MPeso a la resistencia natural al cambio que pueda tener el usuario es cargar a las víctimas todas las torpezas de un negocio que desde que lo anunciaron olía a pescado podrido.
Chinchilla
Uno puede pensar: pobre Costa Rica, con esa presidenta que le tocó. Doña Laura Chinchilla ahí va, dando tumbos que hacen a uno tragarse la campanilla o sentir pena ajena. El 67 por ciento reprueba ya su gestión. Desde el desastre de la carretera paralela al río San Juan, hasta el mal manejo de las relaciones con Nicaragua, pasando por un avión narco que una vez utilizó. Sin embargo, con todo y eso, yo no puedo sentir pena por los costarricenses. Entre el Daniel Ortega que tenemos y la Laura Chinchilla que tienen ellos, hay una gran diferencia. Chinchilla llegó al poder conforme la ley y con los votos transparentemente contados. Ella se irá una vez que termine su mandato y, si su gestión ha sido tan mala como parece, ahí estarán los votos para castigarla a ella y a su partido, y los tribunales para juzgarla si ha cometido algún delito.
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