Aún para los antiyanquistas, como yo, fue imposible no emocionarse con la espectacular despedida que le ofrecieron en Nueva York al mejor rematador de todos los tiempos, el panameño Mariano Rivera, quien estuvo acompañado de su familia, de antiguos compañeros de equipos y hasta de la banda de rock pesado Metallica, que interpretó en vivo Enter Sandman , el tema que resonó en el Yankee Stadium cada vez que Mariano se dirigía del bullpen al montículo.
Fue la despedida oficial y retiro del número 42 de su uniforme para esta legítima leyenda del beisbol, con motivo del último juego de su carrera en Yankee Stadium. El panameño es el mejor de la historia en su categoría. Un pelotero de la misma estatura de Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio y Mickey Mantle.
No obstante, fue por su actuación en playoffs que se volvió inmortal, con 0.76 de efectividad en 96 entradas, más 42 juegos salvados y un título de Jugador Más Valioso en la Serie Mundial de 1999.
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A Mariano le dieron el micrófono como si estuvieran las bases llenas sin out en el noveno inning frente a Miguel Cabrera, porque solo así se podía sentir después de la presentación de varios vídeos que resaltaban los logros de su carrera; el recibimiento de una serie de obsequios y placas para él y su fundación; el acompañamiento de su familia y la de Jackie Robinson, quien jugó un spring training de los Dodgers en Panamá y en su honor el relevista canalero decidió utilizar el número 42; y la ovación a cada instante de los casi 60 mil aficionados en la nueva catedral del beisbol.
Sin embargo, igual que cuando sube a la colina, Rivera le puso su sello a un homenaje que nunca antes se había visto en el beisbol.
Mariano agradeció a todos por el apoyo que recibió en su carrera. Desde Dios, su familia y la organización de los Yanquis, hasta a los fanáticos en Nueva York y en Panamá, sobre todo los de Puerto Caimito, su pueblo de origen.
TENÍA QUE SER EL MEJOR
Mariano ha sido homenajeado en cada estadio que ha jugado por última vez, así que la despedida en casa tenía que ser especial. Y así fue.
A dos meses de su cumpleaños número 44, Mariano se va del beisbol tras 19 temporadas. Debutó en 1995 como un abridor, función en la que no tuvo mucho éxito, pero un año después era quien servía la mesa al taponero John Wetteland, quien se marchó del Bronx en 1997, heredando su puesto a quien llegaría a ser el mejor cerrador de la historia.
Firmado por dos mil quinientos dólares en una segunda prueba con los Yanquis, los que no le vieron nada como bateador la primera vez que lo probaron, se retira con una fortuna de 169 millones de dólares, pero más que eso se lleva el respeto y la admiración de todos, dentro y fuera del terreno de juego.
Un homenaje de este tipo quizá se vuelva a repetir, pero un cerrador como Mariano Rivera quién sabe si lo volveremos a ver.
42
fue el número que utilizó Mariano Rivera en su uniforme, en honor a Jackie Robinson, y el cual fue retirado por los Yanquis, ayer en una emotiva ceremonia de 50 minutos.

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