Era de esperarse que el régimen del comandante Daniel Ortega y sus allegados, tarde o temprano convenientemente terminarían buscando los fondos del Presupuesto General de la República que salen de los impuestos que pagan los nicaragüenses, para seguir usando dinero ajeno y hacer creer a la gente que él es capaz de darle todo.
Claro, con dinero ajeno y sin control institucional, cualquiera es capaz de satisfacer las necesidades de los demás.
En el caso que nos ocupa, el régimen del comandante mantendrá el bono-regalo a los empleados públicos, con la diferencia que eso no sale de la bolsa de él, sino de los impuestos que se le pagan al Tesoro nacional, por tal razón, la gente debe comprender que somos nosotros mismos quienes nos ayudamos.
Lo que el comandante ha hecho es simplemente, una vez más, con sentido de oportunismo, jugar con la necesidad del pueblo y alimentar su clientelismo político sin que le cueste un centavo. Más bien, un rubro que antes no estaba y para beneficiarse él y su séquito, ahora lo proyecta para el Presupuesto General de la República del próximo año, generando así una presión a las finanzas del país.
El bono-regalo salía de los fondos de la cooperación del Estado de Venezuela que el presidente Hugo Chávez Frías (q.e.p.d.) tomaba de los impuestos de los venezolanos para sostener la imagen política de su “brother”, el comandante Ortega.
Lo ideal sería que para otorgar beneficios como el bono-regalo se analicen las opciones financieras para valorar de dónde pueden salir los recursos y que dicho beneficio tenga sostenibilidad y no sea una regalía del caudillo de un partido.
Las empresas, proyectos o Estados serios en el mundo, analizan primero de dónde obtendrán dinero para ejecutar sus obras. Claro, en Nicaragua no es el caso, pues desde enero de 2007 la institucionalidad ha sido pulverizada, a tal punto de que la Contraloría General de la República no le importa lo que hace el caudillo que inconstitucionalmente gobierna el país.
Seguramente, desde el punto de vista empresarial, lo que hace Ortega está maravilloso y no pasa nada. En realidad estas cúpulas económicas son parte del grupo que mantienen en el poder a quien ha arrasado con una serie de derechos políticos, sociales, económicos, culturales, etc.
Al bono-regalo se le suma la presión del pago que se tiene que hacer a la deuda de unos 600 millones de dólares que se deben al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Y otra vez volvemos a las irresponsabilidades.
Los distintos gobiernos, incluyendo los de Ortega, han generado esta enorme deuda que ahora se tiene que ir pagando con dinero fresco, algo que tiene décadas de estar pendiente de pago. Y esto se pagaría con la recaudación de los impuestos que alimentan el presupuesto o mediante la emisión de títulos de deuda pública, a través del Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
Igualmente, el régimen del comandante Ortega a través del presupuesto sigue garantizando el subsidio de la energía eléctrica a los asentamientos y el transporte público en Managua.
Todas estas bondades del comandante finalmente recaen sobre todos los nicaragüenses que pagan sus impuestos al día, sea porque tienen sus negocios o porque son empleados públicos o privados.
Ahora que la ayuda de Venezuela no será la misma, muchas cosas cambiarán y serán endosadas al presupuesto. ¿Y por qué el comandante no regala el bono de su fortuna que ha amasado estos años? ¿Por qué no da el subsidio al transporte de lo que él y sus allegados han obtenido todos estos años, incluyendo a la cúpula empresarial que ha tenido una época de mucha bonanza y que todo lo ve lindo?
Es por eso que la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que estará en Nicaragua, si bien se muestra confiada en que el país salga con buenas notas una vez más por el buen desarrollo en materia macroeconómica, debe de poner mucha atención sobre las “cosas domésticas” que se hacen en este gobierno.
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