Por Juan Carlos Ampié
En la carrera por competir con el Harry Potter de la Warner Bros., los ejecutivos de 20th Century Fox pusieron los ojos en una serie de novelas para “jóvenes adultos” de similar estrategia, pero montada sobre la mitología griega. Fueron al extremo de reclutar como a director a Chris Columbus, iniciador de la exitosa franquicia fílmica del mago de Hogwarts. Percy Jackson pertenece a una estirpe de semidioses, hijos e hijas de dioses con seres humanos. Tres años después de Percy Jackson y el Ladrón del Trueno nos llega una secuela titulada Percy Jackson y el Mar de los Monstruos . En realidad, se debería llamar “El Mar del Monstruo” porque solo es uno. Y la mayor amenaza que ofrece es su tracto intestinal.
No tiene que haber visto la anterior para seguir la trama. Los guionistas tienen el cuidado de ponernos al día. Talía, la niña-convertida-en-árbol que protege el refugio donde Percy y los demás jóvenes mestizos habitan, es envenenada por el renegado Luke (Jake Abel). Así todos quedan vulnerables ante los titanes, sicarios del desaparecido Cronos, que buscan extinguir todo vestigio de la descendencia de los dioses. Para salvar al árbol, Percy (Logan Lerman) y sus amigos Clarissa (Alexandra Daddario), Grover (Brandon T. Jackson) y Clarisse (Leven Ramblin) se lanzan a la búsqueda del vellocino de oro, oculto en una isla mas allá del titular mar de los monstruos.
Percy ya parecía el hermano pobre de Potter, y cierta devaluación de los valores de producción en la secuela no le ayudan. En lugar de Columbus, tenemos al joven Thor Freudenthal en la silla del director. Ya no hay presupuesto para estrellas del calibre de Pierce Brosnan y Uma Thruman como dioses y monstruos. Los efectos especiales son francamente precarios, y algunas peleas parecen coreografiadas por el suplente de los Mighty Morphin Power Rangers. A veces, los personajes hablan con estilo sobredeclarativo, similar al que puede escuchar en las series de televisión para preadolescentes.
Este último detalle no es necesariamente un problema. Es más bien un elemento de estilo. “Percy Jackson” está decididamente creada para niños de 12 años. Es como una bicicleta con rueditas extras, puente entre el triciclo y la bicicleta de dos ruedas. Esta es una estación de paso entre el Disney Channel y contenido más adulto. Aunque sigue la fórmula conceptual de Harry Potter, su principal deuda estilística es con Joss Whedon. El director de la extravaganza de súper-héroes Vengadores (2012) se forjó en la televisión con dos series de culto, Buffy la Cazavampiros (1997-2003) y Firefly (2002). La película de Percy Jackson toma de ellas la actitud desenfadada de los jóvenes, los diálogos que funcionan como sparring verbal y el cariñoso cinismo ante las convenciones fantásticas del género. No es una casualidad que Quirón, el centauro que dirige el refugio donde Percy vive, sea interpretado por el actor inglés Anthony Head. Él era Gilles, el bibliotecario que servía de entrenador de la Cazavampiros . También aparece Nathan Fillion, el actor norteamericano que dirigía a la tropa de vaqueros del espacio en Firefly .
Quizás por eso estuve tan presto a perdonar sus ineptitudes en los departamentos de desarrollo dramático, puesta en escena y efectos especiales. La modesta película tiene un espíritu que trasciende a sus limitaciones. Me hubiera gustado haberla visto de niño en un matiné. Aunque los valores de producción fueron superiores, hubo peores películas de Harry Potter que esta. Además, para los niños puede servir de puerto de entrada al mundo de la mitología. Ese sí es un truco de magia que vale la pena aplaudir.
Ver en la versión impresa las paginas: 17