Luis Sánchez Sancho

Los ríos de leche y miel

La semana pasada cedí el espacio de esta columna a una carta del doctor Vicente Maltez Montiel, muy interesante e ilustrativa (y al parecer también controversial), en la cual elogia las virtudes de las abejas y de la miel y me pide que escriba algo sobre el tema.

Las opiniones del doctor Maltez Montiel sobre las cualidades de las abejas fueron cuestionadas por el amigo Manuel Obregón, en otra carta que fue publicada ayer en la sección correspondiente de LA PRENSA. Pero independientemente de eso, cumplo el compromiso de atender la sugerencia del doctor Vicente Maltez Montiel de escribir algo sobre el tema, aunque no enfocado en las virtudes supuestas o reales de las abejas sino en su origen y el de la miel que ellas producen según las leyendas de la mitología griega.

Sobre la simbología de la miel, el simbologista español José Antonio Pérez-Rioja dice en uno de sus libros que en la antigua Grecia tenía un carácter sagrado, que con ella se hacían ofrendas a los dioses y era valorada como un don divino.

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Dice una leyenda que había en Corinto una sacerdotisa llamada Melisa (que significa tanto abeja como miel), quien rehusó admitir a unos iniciados en los misterios de Deméter, la poderosa diosa madre nutricia. Deméter castigó a Melisa haciendo nacer de su cuerpo un enjambre de abejas productoras de miel, que hasta entonces no se conocía, habiendo nacido así el arte de la apicultura.

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Melitosponda, le decían al sacrificio en honor de los dioses que consistía precisamente en libaciones de miel. Las Melises, como llamaban a las sacerdotisas encargadas de esas libaciones, llenaban una copa con miel y después de saborearla la derramaban alrededor de la estatua del dios, o de su santuario.

Agrega Pérez-Rioja que para los griegos en general y particularmente para los iniciados en los misterios del culto órfico, o sea la religión que fue fundada y difundida por Orfeo, la miel era un símbolo de sabiduría.

En el mito de Orfeo, su esposa, Eurídice, muere al ser mordida por una víbora cuando huía del acoso sexual de Aristeo, quien era hijo de Apolo y de una Ninfa llamada Cirene. Aristeo había sido criado y educado por las Musas y las Ninfas. Las primeras le enseñaron las artes de la adivinación y de la medicina y con las otras aprendió a criar abejas para obtener de ellas la miel con la que se alimentaba y usaba en sus labores médicas. Las Ninfas le enseñaron también a Aristeo a cultivar el olivo y a extraerle el aceite, conocimientos que luego enseñó a los hombres.

Por haber causado la muerte de Eurídice, aunque no fuera esa su intención, los dioses castigaron a Aristeo con una plaga que arrasó sus colmenares. Desolado, Aristeo pidió ayuda a su madre, Cirene, quien le aconsejó que debía buscar a Proteo, un dios del mar que cambiaba de forma cuando quería, porque solo él podía indicarle qué hacer. Y en efecto, Proteo recomendó a Aristeo que escogiera los cuatro novillos más hermosos que tuviera y los sacrificara en honor de los dioses.

Cuando los cuatro hermosos novillos fueron sacrificados, de sus entrañas surgieron enormes enjambres con los cuales Aristeo pudo reconstruir sus ricos colmenares.

Otra leyenda sobre el origen de las abejas y la miel refiere que había en Corinto una sacerdotisa llamada Melisa (palabra que significaba tanto abeja como miel), quien rehusó admitir a unos iniciados en los misterios de Deméter, la diosa madre nutricia de la humanidad. Deméter se enojó con Melisa por esa ofensa a su culto y la castigó haciendo nacer de su cuerpo un enjambre de abejas productoras de miel, que hasta entonces no se conocía, habiendo nacido así el arte de la apicultura.

La miel y la leche, dice el antes mencionado Pérez-Rioja, eran el alimento ideal de la humanidad en la Edad de Oro, época mítica cuando la gente vivía libre y feliz, sin penurias ni preocupaciones de ninguna clase.

Y en la Biblia (Exodo 3.8) Yavé le dice a Moisés que ha librado a su pueblo del poder de los egipcios para subirlo “a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel…”

Columna del día Opinión leche ríos archivo

COMENTARIOS

  1. pata rajada
    Hace 13 años

    No hay como el manjar chorotega: pinol y miel en jicara.

  2. E. Arturo Castro Frenzel
    Hace 13 años

    Sorprendido leí el comentario del Sr. Obregón, con su imaginación al conceder cualidades humanas al comportamiento de abejas y hormigas. Sólo faltó que hablara de partidos políticos, bancadas y creencias religiosas en el reino animal. Pero su conclusión „…cuya organización no tiene nada de democrática, aunque nos siga gustando la miel“ pareció ser una alusión a nuestra política tradicional criolla. Una exuberante imaginación no es delito, pero no debería dejarla desbordarse.

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