Todavía estaba fresca la tinta con la que 14 organizaciones habían firmado un acuerdo llamado Unidad por la República (Unir), cuando salieron otros grupos por ahí proponiendo unidad, pero por otro lado.
Ese jueguito que los políticos y pseudopolíticos nicaragüenses vienen realizando desde hace décadas, eso de separarse para luego volverse a unir con un nombre distinto y luego volverse a separar ya tiene hastiados a los nicaragüenses.
El hastío llega al punto que los partidos liberales, otrora dueños de más del cincuenta por ciento de los votos nicaragüenses y en cierto momento con una simpatía declarada en las encuestas cercana al treinta por ciento, hoy no llegan ni al cinco por ciento en las mismas consultas.
Esto se da, por un lado, porque hay una gran cantidad de sinvergüenzas que viven de andar sacando siglas por aquí y por allá. El sandinismo antes y el orteguismo ahora han pagado bien a los promotores de esos partiditos satélites que le ayudan a dividir y a confundir.
Pero ese jueguito de hoy unidos, mañana desunidos y pasado vueltos a unir también se da porque los pocos políticos y dirigentes sociales que aparentan tener sanas intenciones han caído en la trampa de pensar que la “unidad” pasa por unir las letras de las organizaciones. Es por eso que vemos que aparecen firmando pomposas proclamas de unidad “grupos” que alcanzan holgadamente en la sala de una casa.
¿Son malos los esfuerzos de unidad? No lo son. Pero tampoco se puede pensar en que la “unidad” de todos es factor determinante para lograr el cambio. Debemos estar claros que hay “aliados” que perjudican.
En mi libro, “Muerte de una República” , en el apartado ¿Qué es la unidad? escribí: “Ya para finales de 2012, el único concepto de unidad viable era la unidad en la propuesta, en el programa, en la dirección que debería tomar el país y en el método que se iba a utilizar para enfrentar al régimen si no se le quería permitir una entronización en el poder que duraría décadas”.
El esfuerzo de las organizaciones aglutinadas en Unidad por la República aparenta al menos tener la idea correcta ya que plantean: el establecimiento de una institucionalidad democrática republicana; combatir la dictadura y la corrupción orteguistas; hacer prevalecer el respeto al derecho de los ciudadanos a elegir y ser electos; erradicar el caudillismo, y apoyar las reivindicaciones sociales de la gente.
Sin embargo, temo que la misma desconfianza que reina entre ellos los va a condenar a la inmovilidad ya que de esos enunciados se debe pasar rápidamente a la propuesta concreta y luego a la acción y para eso debe existir un cuerpo ejecutivo que por lógica no puede ser una asamblea general de 42 miembros (cada organismo firmante en Unir tiene tres miembros en la Asamblea).
Es mi esperanza que pronto den los pasos necesarios para pasar a la propuesta concreta y luego a la acción y sobre todo que no pierdan el tiempo discutiendo sobre el sexo de los ángeles
Para ser efectivo, este grupo no puede quedarse en las proclamas desde los hoteles de la capital (la firma la realizaron en un lujoso hotel, todavía tengo que entender por qué). El grupo debe ir al municipio, al barrio, a la cuadra para entender lo que la gente quiere, para saber en qué se siente la gente satisfecha con este Gobierno y en qué se siente molesta, o qué necesidades reales tiene y ofrecer soluciones concretas y una visión clara de lo que desean para la nación.
¿Y qué visión de nación deben tener? Actualmente pueden tener una idea, pero la respuesta real solo la tendrán una vez que hayan recorrido el país, hayan hablando con la gente y hayan sentido sus necesidades. No podrán, como políticos, aparecer genuinos ante la población si no conocen y entienden los problemas que les afectan.
Pero además, y esto tal vez es lo más difícil de aceptar, el grupo debe perder el miedo a organizarse como lo único que puede ser si lo que desea es algún día derrotar al orteguismo y tomar el poder, con esto me refiero a organizarse y convertirse en un solo partido político.
Ninguno de los dos puntos que he expuestos en los párrafos de arriba son objetivos que se logran de un día para otro, tampoco son objetivos fáciles de alcanzar, tampoco hay garantía que todos los que hoy firman lleguen al final. Es un trabajo de hormiga, es duro, no es nada glamuroso pero eso es lo que se tiene que hacer.
Si algo podemos de aprender del presidente inconstitucional Daniel Ortega es que el trabajo político requiere paciencia y una entrega casi enfermiza. Él usó esa paciencia y entrega para establecer una dictadura. ¿Podrá este grupo tener esa paciencia y entrega para establecer una república?
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