La separación de poderes o división de poderes es una ordenación y distribución de las funciones del Estado, en la cual la titularidad de cada una de ellas es confiada a un órgano u organismo público distinto. Junto con la consagración constitucional de los derechos fundamentales, es uno de los principios que caracterizan el Estado de Derecho moderno.
Según la visión ilustrada, el Estado existe con la finalidad de proteger al hombre de otros hombres. El hombre, entonces, sacrifica una completa libertad por la seguridad de no ser afectado en su derecho a la vida, la integridad, la libertad y la propiedad.
Al momento de su formulación clásica, las funciones del Estado —consideradas como necesarias para la protección del ciudadano— eran fundamentalmente las de dar las leyes, de poner en práctica estas leyes en forma general y, más particularmente, con la finalidad de resolver conflictos y la administración del aparato de gobierno, funciones que durante antiguos regímenes eran monopolizadas en la sola entidad de la monarquía absolutista a la cual se le atribuía la práctica del despotismo.
Todo lo anterior —que lo reflejan los conceptos de obras clásicas sobre derecho y política, también volcados en sitios web como la enciclopedia libre de Wikipedia— hace suponer que en Nicaragua deberíamos estar viviendo bajo los principios de un verdadero Estado de Derecho y no sometidos a abusos de poder de un caudillo y, lo que es peor, de toda una familia (Ortega Murillo) rodeada de serviles, más los oportunistas que, como sanguijuelas, viven felices mientras el “poder-amigo” los deja hacer sus negocios.
Miles de nicaragüenses sandinistas y no sandinistas que no comparten las tropelías el régimen autoritario —encabezado por el presidente inconstitucional Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo— y que se han visto agredidos por defender sus derechos, se están cansando de los abusos diarios, sobre todo contra quienes de forma honrada han obtenido sus bienes.
Es impresionante que el pueblo nicaragüense siga sufriendo y aún no se levante y se quite de encima la bota autoritaria del régimen que desgobierna Nicaragua.
Para citar solo algunos ejemplos, la alcaldesa inconstitucional de Managua, Daysi Torres, la semana pasada le lanzó las huestes orteguistas mejor conocidas como policías y las fuerzas paramilitares de la empresa de vigilancia y seguridad privada El Goliat S.A., propiedad de gente protegida de Ortega y Murillo, al esforzado empresario ometepino, Milton Renato Arcia Marín, aduciendo que este debe un 1,200,000 córdobas a la comuna y que hizo caso omiso a no seguir la reconstrucción de un pequeño muelle que sería utilizado con fines turísticos en el malecón de la capital. El puerto turístico Rubén Darío sigue ocupado por las fuerzas enviadas por Torres y, con el visto bueno de Ortega y Murillo, quieren despojarlo.
Arcia Marín también ha dicho que funcionarios de este régimen le quitaron su barco —conocido como La Novia del Xolotlán— y le revocaron el arriendo de la isla del Amor, donde los protegidos de Ortega quieren instalar sus propios negocios. ¿Qué más quieren quitarle Ortega, Murillo y su séquito a Milton Arcia? ¿Quieren dejarlo en la calle? ¿Qué más quieren hacerle?
Otro caso es de la familia Saborío. Don Iván Saborío ha denunciado que una propiedad de tres manzanas de tierra, ubicada en el sector de Metrocentro (Managua), está invadida desde julio pasado con maquinaria pesada que se encarga de hacer movimientos de tierra. Lo peor es que ni la Policía ni la Procuraduría ni juez alguno y, en fin, nadie le sabe decir quién quiere robarse su propiedad. Esto es sencillamente detestable.
Un caso más de los últimos ejecutados por funcionarios y gente que actúa bajo la protección del régimen tiránico de Ortega es el del señor Carlos Acosta, quien le reclama 150,000 dólares a la empresa Vienicsa ahora en poder del tesorero del Frente Sandinista, Francisco López. El perjudicado, lejos de recibir su dinero, ahora está denunciado ante la Policía Nacional y seguro pretenderán aplastarlo con la maquinaria del poder absoluto que está al servicio de Ortega.
Comandante Ortega, señora Murillo, dejen su maldad a un lado, pues un día ustedes quedarán sin poder y deberán rendir cuentas de sus actos. No son eternos. No hagan más daño del que han ocasionado. Dejen al pueblo vivir en paz, en democracia, con institucionalidad y gozar de un verdadero Estado de Derecho.
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