Aunque agosto 2013 concluya, los meses posteriores no podrán poner en la cámara del silencio, la memoria del autor de Mora limpia , Justo Santos, aquel requintista del trío Los Pinoleros que se consagró con una sola composición, con fragancia a himno nacional.
Mora limpia está presente en todos los actos colindantes con el destino de la Patria. Su sabor ya no solo es de fiesta patronal managüense para lo cual fue originalmente creada. Trasciende más allá de ese límite. Creo que en esa categoría compite con Nicaragua, Nicaragüita de Carlos Mejía Godoy.
¿Cómo nació esta prenda del oro vernáculo? En el efluvio de la tierra saneada por las manos devotas alrededor de una estatuilla diminuta y esbelta a la vez que simboliza a Santo Domingo. Tuvo la participación en el encuentro la afinidad entre Justo Santos y Camilo Zapata por la forma magistral en que aquel como requintista tocaba El solar de Monimbó .
Camilo y Justo se reunían para darle los últimos toques a la ondulada cabellera de sones. El nuestro celebraba el orgullo de peinar los mechones indígenas, las ondulaciones doctrinales del alma, la alegría de ser nica. Mora limpia lleva la métrica camiliana.
Los dos amigos refugiaban sus “penas y alegrías” en un árbol de mora, productor de una fruta morada. Cuando la superficie estaba limpia a punto de machete, los pinoleros ensayaban lo que sería Mora limpia . El autor trazó el paisaje íntimo de Nicaragua con pincel de músico. Justo, influido por su timidez no quería publicarla por carecer de méritos, pero Camilo juzgó que hubiese sido un error dejarla inédita.
El sonero criollo quedó prendado de la melodía. Si no hubiese sido por eso Mora limpia no pasaría de ser pieza en las serenatas, en las tertulias amistosas o en los ratos del ocio interior.
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