Una oleada de estallidos de coches bomba, que afectó a devotos islámicos que festejaban el fin del mes sagrado del Ramadán, dejó 69 muertos, dijeron las autoridades. Estos hechos sangrientos ponen de relieve la incapacidad de los funcionarios de gobierno para detener una espiral de violencia que amenaza con salirse de control. La violencia ha aumentado en todo Irak desde la cruenta represión que aplicaron en abril las fuerzas gubernamentales contra un campamento de manifestantes suníes.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A