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LA GRAN ESTAFA
Algún día se escribirá o se hará alguna película sobre esto. La Gran Estafa, podría llamarse para usar un título cliché. No sé si esta vez llamarán de nuevo a Julia Roberts, Brad Pitt o George Clooney. Quizá a Jackie Chan, porque será necesario un chino en el reparto. La cosa es que aquí está pasando algo que podría dar de qué hablar. Chiste o tragedia. ¿Qué será esto en la historia? Se trata de un país entero con esa sensación de ser estafado, pero participando en ello, como suele suceder en esto casos. Es que la estafa requiere la participación activa de la víctima. Incluso, hay quienes eximen de culpa a los estafadores porque es la propia codicia de los estafados la que los hace caer en la trampa. Si no, pregúntense ¿por qué hasta el día de hoy sigue siendo tan efectivo el cambiolín a pesar de ser uno de los métodos más obvios de estafa? Porque siempre hay gente codiciosa que es incapaz de ver la realidad ante la posibilidad de obtener dinero fácil, abundante y rápido, que es lo que siempre prometen las estafas.
CÓMPLICES
A propósito de la serie sobre Pablo Escobar que está pasando un canal local de televisión, es curioso ver la trama para asesinar al candidato presidencial, y casi seguro presidente de Colombia, Luis Carlos Galán, en Soacha, el 18 de agosto de 1989. Para matarlo, los asesinos contaron con la complicidad de la Policía local, corrupta y vendida. Los asesinos iban identificados para reconocerse entre ellos y tener vía libre. Los cordones policiales que debían proteger la concentración donde llegaría el candidato se retirarían a discreción para dejar que los asesinos pudieran hacer su trabajo tranquilos y luego poder huir en paz Mmm… ¿Dónde vi algo parecido?
MINA DE DIAMANTES
Una de las estafas más grandes de la historia ocurrió en 1872, cuando dos gambusinos de California vendieron un terreno a dos de los hombres más ricos de ese entonces como “la mina de diamantes más grande del mundo”. La estafa es digna de una novela. O una película. Con el dinero conseguido de la búsqueda de oro compraron piedras de diamante en bruto, las sembraron en su terreno y propalaron la noticia de una mina riquísima que despertó la codicia de los acaudalados banqueros. Los expertos, llevados a ciegas al lugar, determinaron que la “mina” podría producir cada mes un millón de dólares de la época. Los codiciosos empresarios debieron usar sus contactos para cambiar la legislación federal y realizar legalmente la transacción, al tiempo que convencían a los “ingenuos” gambusinos de que esa mina no valía mucho. Setecientos mil dólares les dieron por ella creyendo estar haciendo el negocio de sus vidas.
CPF DE LUJO
¿Qué sentido tiene que el Ejército aparezca firmando un convenio con la empresa a cargo del proyecto hidroeléctrico Tumarín? Si la “protección” que dará está dentro de sus funciones, ¿por qué tiene que firmar un convenio para cumplirla? Y si es algo “extra”, ¿por qué el Ejército anda ofreciéndose para trabajos de protección? Y la pregunta del millón, que por ningún lado contestó el general Julio César Avilés: si un convenio es un “dame que te doy”, ¿qué está recibiendo el Ejército a cambio de la protección que prometió dar?
ALUCINANTE
No hay estafa sin codicia. Y si algo ha sabido despertar el chino en Nicaragua es la codicia de quienes ven en el Canal la posibilidad de volverse ricos de la noche a la mañana. Que se elevaría el crecimiento del PIB de Nicaragua hasta en un 15 por ciento en 2015, dice alegremente el secretario de políticas públicas, Paul Oquist, y que Nicaragua sería la mayor economía de la región. Los empresarios aparecen en TV relamiéndose los bigotes imaginándose los contratos millonarios que tendrán, los grandes funcionarios sacan cálculos de sus nuevas fortunas y el que menos piensa en el trabajo que podrá tener o el caramanchel que instalará para vender aunque sea fritanga a tanto chino que vendrá. La codicia impide ver la realidad. Nadie se pregunta por qué Panamá con cien años de canal no tiene las riquezas que a nosotros nos prometen en cinco. No. Es una alucinación colectiva.
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