Con no poca frecuencia, y en términos generales, se establece una separación categórica entre teoría y práctica. A partir de ella se llega a considerar al intelectual, refugiado en la torre de marfil donde fabrica sus elucubraciones, ajeno a toda percepción verdadera de los hechos concretos. Cuando se dice que alguien es un teórico, se está aludiendo, no tanto a sus cualidades racionales, como a su aislamiento de la realidad. De la misma manera cuando se afirma que algo es pura teoría, lejos de un elogio o un reconocimiento a la construcción de un sistema de categorías lógicas, se está haciendo referencia a algo vacío y abstracto del que está ausente el sentido práctico de las cosas.
Igualmente, aunque en dirección contraria, la persona práctica es considerada aquella que prescinde del razonamiento que sustenta y dirige su acción, y que busca alcanzar, de cualquier manera, el resultado propuesto, independientemente de la forma a través de la cual este se haya obtenido. “El fin justifica los medios”.
En política esta percepción se acentúa. El intelectual que se ocupa de la política es un teórico, en el sentido que la opinión generalizada le asigna a la teoría, mientras que el político, por definición, es alguien práctico, o no es un político, pues su interés lejos de detenerse en tratar de encontrar la justificación racional de su acción, busca el resultado concreto que interesa a sus objetivos e intenciones.
Ante esta separación se ha tratado de acercar la visión teórica del intelectual y la actitud práctica del político, pero conservando cada quien su espacio correspondiente, sin pretender incursionar en el terreno que se asume no es el propio. De lo que se trata es de aproximar dos cosas diferentes pues en su complementación se obtiene un resultado más integral.
Aunque sin duda esta actitud de unir la teoría del intelectual con la práctica del político es mucho más sensata, no alcanza, sin embargo, el objetivo de integrar las dos categorías en cada uno de los sujetos respectivos, pues ambos componentes, lejos de ser excluyentes son necesariamente complementarios. La verdadera unidad se produce cuando se logra incorporar en cada uno ambas condiciones y actitudes.
La historia nos enseña a través de diferentes momentos, la relación en la experiencia política entre pensamiento y acción: Grecia y la Ilustración, y ligados a nuestro propio tiempo y vivencia, el neoliberalismo y el neopopulismo, para mencionar algunos.
En Grecia vimos el esfuerzo de los filósofos del siglo V antes de Cristo por conformar un sistema filosófico y político, un cuerpo de ideas de acuerdo al cual construir la realidad. Aristóteles definiendo la política como el arte del bien común, condición necesaria para construir la democracia, aunque era una democracia para ciudadanos atenienses y no para esclavos, mujeres y vencidos en las guerras. Platón, proponiendo su República como un sistema autoritario y autocrático, con una aristocracia intelectual dirigiendo la polis y con un rey filósofo gobernando.
Más allá de señalar la discriminación en los sistemas propuestos por los grandes pensadores griegos, la que indudablemente rechazamos, nos interesa indicar la presencia de las ideas en la discusión y acción del acontecer político, de cuya interacción iban surgiendo las formas y prácticas políticas de la realidad.
Otro momento que podemos mencionar a efectos de este breve análisis, es la llamada Modernidad que surge de la revolución política, consecuencia de la revolución científica y filosófica y de la revolución industrial. La revolución filosófica del racionalismo cuya expresión más relevante se da con Descartes, al establecer la razón como factor esencial de la vida individual y social, demolió conceptualmente el sistema de privilegios conforme al cual se organizaba la sociedad e introdujo un principio fundamental para las luchas políticas que van a tener su expresión más significativa en la Revolución Francesa de 1789.
Por su parte la revolución industrial va a ser consecuencia de la aplicación a la técnica de los avances de la revolución científica que se inicia con Galileo en el siglo XVII y que producirá los cambios en las formas de producción, los que darían origen a un nuevo sistema, el capitalismo industrial, y a una nueva clase económica dominante, la burguesía capitalista.
En la actualidad, con la aparición del neoliberalismo y la revolución tecnológica, la realidad del mercado total se va a imponer en todos los procesos económicos y políticos. Una práctica en esta dirección va a pretender subordinar todas las actividades a la idea del mercado absoluto, incluyendo la acción propia del Estado. Una parte del pensamiento filosófico, político y social, dentro de este movimiento, se va a expresar como un mecanismo conceptual de explicación y justificación del sistema y de lo que han llamado la era de la pospolítica.
A pesar de todo, o quizás precisamente por eso, se ha producido la c
risis del neoliberalismo y del capitalismo corporativo transnacional, creando un vacío tanto en el mundo real como en el mundo de las ideas. El modelo en la práctica enfrenta una de sus dificultades más severas, sin que exista, hasta el momento, una opción teórica que proponga un nuevo modelo de sociedad. A diferencia de las etapas anteriores mencionadas en las que las ideas han sido el referente para la acción, Grecia y la Modernidad, y de otras en las que el desarrollo de los hechos ha sido el derrotero para la construcción teórica, hoy el mundo enfrenta una crisis en la teoría y en la práctica.
En América Latina, como lo expresa Rafael Rojas en su ensayo De la crítica a la apología , se ha producido “el tránsito, dentro de algunas sociedades y algunos gobiernos de la región, de la hegemonía neoliberal de la década de 1990 a la hegemonía neo populista actual” Todo lo cual, como lo expresa el mismo autor, al instalar a “la apologética como dispositivo retórico central de las ideologías de la izquierda en el poder, hace crecer la brecha entre las esfera política y el campo intelectual y académico” (Nueva Sociedad, 245, 2013).
En general, podría decirse que en América Latina tampoco existe en la actualidad una propuesta teórica de sociedad que presente un nuevo marco conceptual a la realidad actual y a lo que podría ser el proyecto para la sociedad del futuro. La acción política en el mundo y específicamente en América Latina, exige una efectiva comunicación entre el campo intelectual y el político, entre la idea y la acción, la que si bien todavía no se presenta como una propuesta integral de sociedad, existe, no obstante, como toma de posición de intelectuales y científicos ante situaciones políticas, económicas y sociales concretas. El autor es jurista y filósofo nicaragüense.
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