RIO DE JANEIRO/AFP
“Este clima de malestar en relación a problemas recurrentes como la corrupción no es nuevo, pero es la expresión pública de todo eso lo que es nuevo y difícil de comprender. Esto se debe al nuevo rol que juegan las redes sociales; nadie ha medido aún la dimensión exacta de esto, no hay un colectivo de líderes organizado”, explicó.
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La revuelta social que sacudió a Brasil en junio con masivas manifestaciones prosigue a menor escala y liderada por grupos más radicales. Ayer, unas 700 personas marcharon por el centro de Rio de Janeiro para exigir la renuncia o un juicio político al impopular gobernador, Sergio Cabral.
“La violencia hizo que los políticos cambiaran su forma de reaccionar” a las reivindicaciones de las protestas, explicó ayer un manifestante que pidió ser llamado Pedro.
Los manifestantes, convocados a través de las redes sociales y entre los cuales figuraban integrantes del grupo anarquista Black Bloc, exigen la desmilitarización de la Policía estatal, heredada de la dictadura (1964-1985) y cuyos métodos son cuestionados.
Ayer, en Goiania, cincuenta manifestantes enmascarados incendiaron neumáticos, quebraron vidrios de una concesionaria de carros y lanzaron piedras contra los coches en una protesta contra el gobernador.
El martes, una protesta contra el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, fue dispersada por la Policía con gases lacrimógenos y balas de goma, luego de que los manifestantes atacaran una agencia bancaria y una concesionaria de carros.
“Es como si hubiera un pequeño foco de incendio que permanece en pie desde las grandes manifestaciones de junio, hasta que surja un nuevo tema capaz de movilizar a la gente de manera masiva”, expresó Michel Misse, experto en violencia de la Universidad Federal de Rio (UFRJ).
En junio, más de un millón de manifestantes se volcaron a las calles para exigir mejores servicios públicos, denunciar el millonario gasto público para la Copa del Mundo de 2014 y la corrupción.
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