Concierto taurino

Estas vaquillas que ves ahí, arrinconadas, malcomidas, son terneras motas. Sus ojazos nos recuerdan el brío del trazo del Guernica y el escarnio público de la Mama Ramona. Las trajeron de una ciudad floral disparatada, las soltaron en el universo como cuando dos estrellas desorbitadas se dejan caer a pique contra un abismo.

Ezequiel D´León

Estas vaquillas que ves ahí, arrinconadas, malcomidas, son terneras motas. Sus ojazos nos recuerdan el brío del trazo del Guernica y el escarnio público de la Mama Ramona. Las trajeron de una ciudad floral disparatada, las soltaron en el universo como cuando dos estrellas desorbitadas se dejan caer a pique contra un abismo.

Sobrevivientes a tanto desamor, sordas, ellas coquetean sin límites y de vez en cuando se acicalan el pecho como para que las vean y las amen a ultranza. Son bellas en su alegría, sublimes en su morriña. Si las hubieras visto cuando se bañaban en la pila del potrero. Bombazos de agua y de color por todos lados, en estallidos blandos, brincando por acá y por allá… Una dulzura.

Estas fieritas siempre han sido libres, ariscas, respondonas, por ello son más toras que terneras. Una tarde en que se canceló la fiesta patronal, las dejaron solas, motas en orfandad, abandonadas en un rincón de la barrera de toros… Nadie veló por ellas y de pronto fue cuando la energía de la vida se las robó de un solo empujón. Así comenzó el viaje para ellas, en aspiradora espiral, caracola.

Para entonces eran toritas encohetadas, luminosas, centrífugas, niñas. Hoy deambulan ya sin pólvoras ni azufres, pero sus corazones encarnan una sabiduría gigantesca. Llevan en la frente una semilla de poder, predestinado al sueño más mágico del mundo. Han venido a la Tierra a soltarse más de lo que creen, su potencial revive infancias reencontradas, son nutricias-taurinas-terracotas.

Tienen siglos ya perdiéndose y encontrándose. Son seres amamantados desde una sed profunda, una soledad de tiza escolar y loncheras vacías. Les ha crecido en el vientre un tierno dolor de amapolas. No les para de sangrar la legaña, no les encora aún el rasponazo que de pequeñas se pegaron en las rodillas. Terneras del estupor, crecen gracias a la desazón del día a día y construyen su fe a fuerza de valor.

Un ángel las vigila a distancia, quiere acariciarles el lomo, darles ternura de felpa, pero las deja solas… Solo así pueden ser de una sola pieza. El ángel les canta en femenino: Nothing to be loved. !Oh! ¡That´s me! ¡Belleruche! Thank you for the lovely evening.

Burbujas de una paz que ya sabemos en algún lugar existe vienen sobre sus cabezas cornudas, pero falta aún un camino de subida.

Cultura arte archivo

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COMENTARIOS

  1. Ramón Valdés
    Hace 13 años

    ¿Qué quiso decirme, señor Ezequiel? Entiendo su punto. ¿Quiero usted decirle al lector que probablemente es más inteligente que él? O ensaya un texto sobre el lenguaje mismo. Veo que tiene talento para eso.

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