Las revelaciones sobre los programas secretos de vigilancia del gobierno estadounidense, que se centran tanto en los registros telefónicos como en la información transmitida a través de internet, hicieron algo más que provocar un debate sobre la privacidad.
Algunos usuarios están revisando y cambiando sus hábitos en línea, al tiempo que reconsideran algunas preguntas básicas sobre el mundo interconectado de hoy. Entre ellas: ¿Cuánto debo compartir y cómo debo compartirlo?
Hay quienes dicen que quieren tomar medidas preventivas en caso de que los programas sean ampliados. Otros buscan enviar un mensaje no solo al gobierno de Estados Unidos sino también a las empresas de internet que recopilan tanta información personal.
En Luisiana, la esposa de un exsoldado está publicando menos en Facebook y considerando retirar de su lista de amigos a viejos conocidos, preocupada de que una broma inocua o algún conocido acabe involucrándola un día en una investigación del Gobierno. En California, un estudiante universitario cifra sus chats y correos electrónicos. Dice que aunque no planea algo siniestro, no debería tener que preocuparse por los fisgones.
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