Ciudad del Vaticano/EFE
“Su papel no es solo la maternidad, ser madre de familia. Es más fuerte, es el icono de la Virgen, la que ayuda a crecer a la Iglesia”, expresó Francisco. La Virgen María —subrayó— “era más importante que los obispos y curas”.
“Esto es lo que debemos explicar mejor”, subrayó Francisco, que reconoció que “no hemos hecho una profunda teología de las mujeres en la Iglesia”.
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Las palabras del papa Francisco sobre la homosexualidad y la presencia de la mujer en la Iglesia siguen las líneas marcadas por el Catecismo de la Iglesia católica en el caso de los gais y reiteran lo aprobado por Juan Pablo II, que cerró las puertas al sacerdocio femenino.
Francisco expresó en el vuelo de regreso de Río de Janeiro a Roma que “si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”, palabras que levantaron gran expectación y han sido interpretadas por algunos como un “cambio de época” en la Iglesia.
El papa Bergoglio siguió: “el Catecismo de la Iglesia católica explica y dice que no se debe marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad”, con lo que mostró que no hay nada nuevo en sus palabras, salvo quizá la forma y el tono —sencillo, llano— de decir lo mismo.
El catecismo dice en el apartado 2357 que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas y que “esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba”.
“Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”, señala.
El papa siguió esa línea al expresarse sobre los gais y no manifestó ningún comentario que significara un cambio radical. El catecismo, apoyándose en la Sagrada Escritura, considera las relaciones homosexuales “depravaciones graves”, “actos intrínsecamente desordenados, contrarios a la ley natural y que no pueden recibir aprobación en ningún caso”.
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