Cuando Michael Phelps salió por última vez de la piscina en los Juegos Olímpicos de Londres se mostró enfático: su carrera fulgurante había terminado. Ahora, no parece seguro.
Aunque afirma que jamás había estado tan contento con su vida, y que no extraña los sacrificios que fueron necesarios para convertirse en el deportista más laureado en la historia olímpica, Phelps dejó la puerta abierta para un posible cambio de opinión antes de los Juegos de Río 2016.
“No sé lo que pasará en el futuro”, dijo Phelps ayer. “No sé lo que ocurrirá mañana”. De visita en Barcelona, donde se realiza el Mundial de natación, Phelps habló con The Associated Press y con otras organizaciones noticiosas en una serie de entrevistas, uno a uno, organizadas por su patrocinador Speedo.
Cuando la AP le pidió que respondiera si competiría o no en los próximos Juegos Olímpicos, Phelps dijo que no había planeado eso todavía. Su postura parece distinta a la manifestada antes e inmediatamente después de Londres 2012, cuando insistió en que su retiro era definitivo y dijo que su meta siempre había sido retirarse de la natación antes de cumplir los 30 años.
Phelps tendrá 31 cuando se realice la ceremonia inaugural de las Olimpiadas en Río. “No sé, estamos en 2013”, dijo, antes de añadir: “No hay nada planificado por ahora”.
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