El primer ministro egipcio Hazem el Beblaui se entrevistó ayer por teléfono con los candidatos a integrar el próximo gabinete interino, que tendrá unos treinta ministros, y señaló que hoy comenzará a recibirlos con la esperanza de tener completa la lista de nombres el próximo martes.
En el exterior miles de islamistas se manifestaron en Túnez para pedir “la vuelta a la legalidad” en Egipto y los árabes israelíes mostraron su apoyo a Mohamed Mursi en Galilea.
La Liga Árabe insistió en defender el derrocamiento de Mursi y criticó la reciente suspensión de Egipto en la Unión Africana, que tiene por norma apartar a los países en los que se perpetren golpes de Estado.
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Mientras, la Fiscalía anunció la apertura de una investigación contra el depuesto presidente islamista Mohamed Mursi y líderes de los Hermanos Musulmanes y su brazo político, el Partido Justicia y Libertad (PJL), por varias denuncias, entre ellas incitación al asesinato.
Por su parte los Hermanos Musulmanes, frente a los intentos de impulsar el proceso de transición impuesto por los militares y que incluye una reforma constitucional y elecciones presidenciales, siguen negándose a reconocer a las nuevas autoridades.
Para mantener la presión en las calles, el vicepresidente del PLJ, Esam al Arian, anunció la convocatoria de nuevas concentraciones para mañana. Según Al Arian, el único plan aplicable en Egipto consiste en “el retorno de la legitimidad”, basado en la vuelta de Mursi, de la Constitución —actualmente suspendida— y de la —también disuelta— Cámara alta del Parlamento o Shura.
El portavoz de la Fiscalía, Adel al Said, indicó ayer que Mursi, Al Arian, y varios dirigentes islamistas, han sido denunciados por delitos como el trato con sectores extranjeros para dañar el interés nacional e incitación al asesinato de manifestantes. Entre los dirigentes implicados destacan el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badía, y los miembros de la cofradía Mohamed el Beltagui o Safwat Higazi.
Estos últimos han sido acusados de haber incitado a la violencia, que causó 51 muertos el lunes, en los confusos choques registrados frente a la sede de la Guardia Republicana en El Cairo.
Mientras, la situación sigue inestable en el Sinaí, donde 37 supuestos extremistas han muerto y otros 40 han resultado heridos en operaciones de seguridad contra grupos armados desde el 30 de junio, cuando se desarrollaron masivas protestas contra Mursi. Los ataques contra las fuerzas de seguridad en esa zona —normalmente cometidos por grupos islamistas radicales y tribales— se han exacerbado desde el golpe militar el 3 de julio.
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