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Alternativa
Imaginemos por un instante que Daniel Ortega, en un arrebato de locura (o quizá de lucidez) reconoce que ha hecho mal las cosas, acepta que consiguió el poder de mala manera y decide devolver el gobierno que no le pertenece. Sí, sí. No se rían, solo es una hipótesis retórica e ingenua para llegar a este punto: ¿A quién se lo entregaría? ¿Qué programa de gobierno está esperando para reemplazar lo que actualmente tenemos? ¿Quién o quiénes han presentado una propuesta distinta y consistente? No la hay. Esa es la gran tragedia: no hay alternativa. Todos sabemos que este gobierno está haciendo mal las cosas pero nadie sabe cuál sería la alternativa. Si estamos ante un menú de un solo plato, la alternativa sería ¿no comer?
Oposición
Cuando hablamos de oposición miramos al mismo rincón donde están acomodados los políticos de siempre. Esos señores son el producto de un sistema que los diseñó así como son. Depredadores, oportunistas, comprables. Para muchos de estos políticos —hay una que otra excepción— la Patria son sus cargos y prebendas. Y tan el sistema los diseñó así que sabemos que es más fácil llegar a ser diputado, magistrado o ministro, comportándose de esta manera, que pensado de forma crítica, ética y renovadora. En resumen: son la oposición que el poder necesita.
Nuevos actores
¿A qué debemos llamarle oposición política en Nicaragua? Si los vemos desde el punto de vista formal, deberían ser los partidos políticos que perdieron las elecciones. Pero aquí ni hay elecciones ya ni tenemos un sistema democrático. En una dictadura, o en un gobierno “no democrático” para llamarlo de una manera más amplia, la oposición no son los partidos políticos sino los individuos, organizaciones y grupos, a veces hasta armados, que se oponen a esa forma de gobierno. Entonces, cuando nos preguntamos ¿hay oposición en Nicaragua?, deberíamos dejar de ver solo hacia ese rincón que les decía y empezar a mirar hacia otros espacios que generalmente no considerábamos.
Revolución en la conciencia
La verdadera oposición en Nicaragua, a mi criterio, no tiene partidos políticos ni quiere tenerlos. Es más, ni piensa que podría conseguir el poder. Es que la verdadera oposición a este tipo de gobierno se está alojando en la conciencia social de los ciudadanos. Es esa forma de pensar que está emergiendo y que se opone a lo injusto, que pide explicaciones, que no se conforma con la consigna y que no endiosa ni rinde culto a nadie. Y aunque no parezca, esto que podría parecer inocuo, es más peligroso para el gobierno que tenemos que los cuatro diputados que vociferan en la Asamblea Nacional haciendo como que se oponen.
El enemigo
La mayor evidencia de esta forma de pensar es el movimiento bautizado como #OcupaINSS. No crean, ahí había más que un grupo de jóvenes apoyando a unos ancianos en su justa demanda de una pensión digna que les permita morir en paz. Ahí está expuesta una forma de pensar distinta, que por ser distinta desafía al sistema, y por desafiar al sistema se vuelve subversiva. Eso alarmó a los dirigentes del Frente Sandinista que no supieron cómo reaccionar ante un movimiento pacífico, solidario y activo, que estaba tomando mucho prestigio y les estaba quitando con acciones las causas que ellos con palabras siempre han dicho defender. Tan desorientados estaban que solo pudieron reaccionar de la forma que están entrenados a hacerlo: primero convertir lo que los asusta en su enemigo aunque paradójicamente decían buscar lo mismo— y luego garrote, chantaje y gigantescas movilizaciones. Puro miedo.
Ideas versus garrote
El problema es que la ideas no se combaten a garrotazos. Al contrario, la represión las estimula y las multiplica. Así que, más allá del grupo de jóvenes solidarios con los viejitos, tenemos ahora un grupo de jóvenes descontentos, que pide justicia por lo que pasó, que les reclama por los golpeados y robados, que no se conformará con el silencio y que encontrará posiblemente la forma de sobrevivir, crecer y reproducirse, como ya lo está haciendo.
¿Hay oposición?
Así que a la pregunta de si hay oposición en Nicaragua yo diría que sí la hay. No es una oposición a gobierno ni a partido. Es una oposición a lo injusto. Son estos jóvenes solidarios, son estos viejitos que reclaman, somos los periodistas que aún defendemos el derecho a decir lo que pensamos, son los artistas que ya no se conforman. Es la conciencia social de esa parte del pueblo que se niega a seguir consignas y a aceptar lo injusto en nombre de una revolución de fantasía. Sí hay oposición. Lo que sucede es que la buscamos en el lugar equivocado.
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