Primero quiero recordarles que el vocablo educación en sus inicios provenía del prefijo “ex” que significa sacar hacia delante y de la raíz “ducere” que es conducir o guiar, por tanto educar implica la acción de sacar adelante a alguien.
Si vemos el sustantivo docente destacamos que proviene del verbo latino “docere” que significa enseñar o saber, es decir alguien que sabe y además está preparado para enseñar.
Como ven estos significados son muy positivos para referirse a la labor de enseñar, sin embargo hay otros términos que en sus orígenes no eran tan amables como es el caso de maestro, profesor y pedagogo.
Profesor nos llega de “pro fatio” que alude a “disponerse a hablar”, pues en tiempos antiguos el papel del profesor era en las iglesias leyendo los libros sagrados, con el tiempo la lectura quedó para los discípulos y el maestro comentaba lo leído, de ahí llega pro fateri (comentadores de textos).
Si vemos maestro nos llega de “magistro” y significa “el que enseña” en este caso aludía al esclavo griego con una gran cultura que instruir a los jóvenes romanos. Pero como aclaraba Demóstenes, maestro implicaba una superioridad moral e intelectual pues puede “realizar en sí mismo lo que trata de realizar en los demás”.
De ahí el afán común de juzgar el comportamiento de los profesores y ser muy exigentes al evaluar a un maestro que no predica con su ejemplo.
En el caso de pedagogo se vincula con “paedagogus”, un término derivado de paidagogós, que se une con paidós (niño) y agó (conducir o guiar), pues alude al esclavo que acompañaba a los niños en las lecciones.
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