Luis Sánchez Sancho

El padre Garibay

Me encontré en San Juan de Oriente con el padre Gerardo Rodríguez, párroco del templo católico de La Purísima, en Belmonte, Managua. El padre Gerardo fue antes cura párroco en aquella pintoresca población del departamento de Masaya, que es tan agradable por su clima, acogedora por el carácter amistoso de su gente y famosa por sus excelentes artesanías de barro.

Me comentó el sacerdote Rodríguez, que leyendo esta columna supo del padre Ángel María Garibay Kintana, sacerdote mexicano y erudito mitólogo a quien cito de vez en cuando como fuente de las breves narraciones sobre los mitos griegos que escribo regularmente.

En realidad, son muy pocos los sacerdotes que escriben sobre los mitos y leyendas de la antigua Grecia y de otras partes del mundo. Me parece que, como los mitos se refieren a creencias en dioses paganos y divinidades idolátricas —que son antiquísimas pero en alguna medida subsisten, como sucede en la Grecia actual con los dioses del Olimpo—, hay cierto temor de que el estudio meramente cultural de la mitología sea asociado con el culto y la práctica del paganismo.

Por cierto que más de una persona de las que leen esta columna, me ha preguntado si creo en los dioses mitológicos sobre los cuales escribo. Por supuesto que no, les he dicho. Son mitos precisamente porque se refieren a personajes y hechos que son fruto de la imaginación, fantasías hermosas o terribles que muchas veces reflejan la naturaleza y el comportamiento humano, pero imaginaciones al fin.

El mismo padre Garibay dice en la presentación de su libro Mitología griega , que “La palabra mitología en las lenguas modernas relacionadas con la cultura de occidente significa una relación de historias legendarias, engendros de la fantasía, con fundamento más o menos histórico”. O sea —agrega este mitólogo mexicano— que la mitología es “la relación de historias referentes a muchos hechos y personas que salen de los ámbitos de la historia y entran en la esfera de la creación poética”.

Pero, ¿por qué y para qué un sacerdote católico se va a dedicar a estudiar los mitos, griegos o de cualquiera otra cultura, si son fantasías y creaciones poéticas que además en muchos casos se refieren a dioses paganos, cuyos culto son absolutamente opuestos al teísmo cristiano fundado en el reconocimiento de un solo Dios verdadero? La respuesta a esta pregunta la dio el propio padre Garibay, al explicar que una de las primeras utilidades de la mitología es “conocer la evolución mental, las ideas, las cuestiones que eternamente preocupan al hombre tocante a su destino propio y a la explicación del mundo en que vive, atado al tiempo y al espacio”.

Además, el eminente sacerdote y mitólogo mexicano señala que “Otra utilidad del estudio de los mitos se halla en que son como una abreviatura de la historia de la cultura en los pueblos. Casi cada mito entraña una cuestión cultural. Da en sus pormenores el cuadro y ofrece muchas veces el modo de la creación de nuevas formas de vida y de pensamiento”.

El padre Ángel María Garibay Kintana nació en Toluca, Estado de México, el 18 de junio de 1892 y murió en Ciudad México el 19 de octubre de 1967. Se ordenó sacerdote católico en 1917, después de haber estudiado en el Seminario Conciliar de México, en el que aprendió náhuatl, latín, griego y hebreo. También dominó los idiomas inglés, francés y alemán. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y la Academia Mexicana de Historia. Estudió acuciosamente la historia antigua y las diversas mitologías, incluyendo la mexicana, la griega y la romana, y escribió ampliamente sobre ellas.

El padre Ángel María Garibay Kintana escribió unos cuarenta libros sobre historia y cultura de los antiguos náhuatl, sobre cultura y mitología clásica griega, romana y de otros países. También escribió varias obras sobre la historia de México, tradujo directamente del griego y publicó obras de Sófocles, Eurípides, Esquilo y Aristófanes y escribió un excelente manual de mitología griega.

Columna del día Opinión San Juan de Oriente archivo

COMENTARIOS

  1. Jose Hidalgo
    Hace 13 años

    Buenisimo!!! gracias siempre por compartir cosas interesantes

  2. curioso
    Hace 13 años

    Los dioses inspiradores de Luisito. Negandolos…les da vida.

  3. Angel
    Hace 13 años

    Interesante como siempre Don Luis. Alegra que un hombre de iglesia como el Padre Garibay tenga esa mentalidad. Ojalá todos fueran así no como Fray Diego de Landa, Obispo de Yucatán, durante la colonia a quien si bien debemos haber conservado los únicos 4 códices mayas existentes él mimo con el aplomo que da el fanatismo y la ignorancia afirmó: «Yo mismo he quemado más de 1,500 de ellos por considerarlos obra del demonio». Igualmente mandó destruir todas las esculturas de Huitzillipochtl

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