La concesión canalera otorgada al chino Wang Jing no solo ha desatado la profunda preocupación desde las perspectivas constitucionales, técnicas, ambientales y sobre todo, por la falta de respeto a los intereses de distintos sectores que serían afectados por cualquiera de las rutas que se trace.
Sin embargo, más allá de que esto se posible o no, quizás el desprecio que pueda haber por esta importante reserva de agua dulce en Centroamérica lo fomentamos los mismos nicaragüenses cuando no cuidamos como se debe al Gran Lago de Nicaragua o Lago Cocibolca.
Los habitantes de las costas de Rivas, Granada, Chontales y Río San Juan, así como las autoridades de las diferentes instituciones del Estado, tienen una débil cultura de velar diariamente por el bienestar de este importante cuerpo de agua. Así que tampoco esperemos que un ciudadano de China Continental (Wang Jing), cuya nación no es un buen ejemplo de evitar la contaminación ambiental, se preocupe porque este recurso natural se preserve sanamente.
Hay gente grosera, principalmente nacionales, que cuando viajan en los ferri hacia la Isla de Ometepe lanzan algún tipo de basura al lago y al señalarles la barbarie, algunos sonríen cínicamente, mientras otros salvajes y descarados se molestan. En realidad en ese momento uno piensa ¿quién realmente es la basura, lo que fue lanzado al lago o el que la lanzó?
En San Jorge he visto que algunos negocios dejan que sus aguas sucias fluyan hacia el lago, igual en Granada. San Carlos tampoco es la excepción. En Ometepe, aunque hay un gran esfuerzo por preservar la sanidad del lago y sus pocos ríos, tanto los ciudadanos como las instituciones del Estado tienen que ser más rigurosos con los procedimientos y asegurarse que no se contamine el lago, las costas y el subsuelo. Esto no debe ser opcional.
Los correcto sería que cada municipio que tiene vinculación con el Lago Cocibolca desarrolle sus políticas ambientales a cualquier costo y que se apliquen a diario para preservar el cuerpo de agua. Sin embargo, es común ver que sobre las costas hay algún tipo de suciedad. Y en invierno es peor, pues las corrientes que llegan al Cocibolca no son filtradas para evitar mayores daños.
Recordemos que la sedimentación —que tiene que ver con otros factores—, surte sus efectos en el Cocibolca y el río San Juan, frente a lo cual debería existir acciones concretas como parte de una política de Estado preventiva y no solo medidas paliativas como el dragado. No obstante, si bien las previsiones y obligaciones del Estado tienen que ser algo indiscutible, no menos cierto es que los ciudadanos tenemos que hacer lo nuestro, como por ejemplo, no contaminar con basura, químicos, no deforestar, etc.
La defensa y cuido del Lago Cocibolca y del río San Juan debe ser una causa común de todos los nicaragüenses, pero con hechos, no con politiquería ni pronunciamientos escritos, radiales, televisivos o en redes sociales. Los riesgos que cada día enfrentamos son mayores si seguimos actuando negativamente como hasta ahora.
No dudo que las autoridades municipales hagan su trabajo orientado a preservar el Cocibolca y el río San Juan, pero no es suficiente y los ciudadanos en general se deben sumar a esta causa. Asimismo, es oportuno reconocer el trabajo que realizan organismos no gubernamentales en el fortalecimiento de la gestión local ambiental y el control social para promover el desarrollo. Este tipo de trabajo se tiene que difundir más para que la población se integre y no alegue ignorancia.
Ya tenemos el mal ejemplo de lo que se hizo en el pasado con el lago Xolotlán en Managua y parece que no queremos aprender para corregir y evitar otra barbaridad.
En realidad, hay ejemplos de buenos manejos ambientales y cuido de recursos naturales en varios países del mundo, el punto es emular esas experiencias pero acompañadas de una política de Estado integral, no partidaria. Que sea transversal e incluyente en toda la sociedad nicaragüense. Eso sería de enorme apoyo para el futuro ambiental de Nicaragua. ¿Cómo debe ser el manejo ambiental de un lago que contenga una isla? ¿Qué recursos se deben tener? ¿Cómo administrarlos y ejecutarlos? ¿De dónde obtenerlos? Todo esto se puede hacer. No hay que olvidar sí que el dinero destinado para estos fines siempre debe pasar por el aro de la rendición de cuentas transparentes.
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