Quienes pudieran tener dudas acerca de que si en Nicaragua existen ciudadanos paradigmáticos, el caso de Mariano Fiallos Oyanguren es suficiente para despejar esas dudas.
Como presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE), Fiallos Oyanguren, junto con los magistrados que en aquel entonces integraban este poder del Estado, dio a la nación un ejemplo de estricto sometimiento a la Constitución y la Ley Electoral en las elecciones de febrero de 1990. En esa oportunidad, la voluntad mayoritaria del pueblo nicaragüense fue fielmente respetada y el Consejo proclamó la victoria de la Unión Nacional Opositora (UNO) sobre el gobernante FSLN.
Seguramente para Mariano y sus colegas no fue más que el cumplimiento de su deber. Pero la actuación de Fiallos Oyanguren demostró que se puede ser simpatizante de un determinado partido político y esto no es obstáculo para actuar con transparencia y contar honestamente los votos, si se poseen principios éticos bien arraigados. La honradez de Fiallos Oyanguren en el desempeño de la alta responsabilidad puesta en sus manos, permitió que en Nicaragua se iniciara un histórico proceso de institucionalización de la democracia, ahora demolido por el autoritarismo imperante.
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¡Cómo hubiéramos deseado los nicaragüenses que tan ejemplar conducta se hubiera repetido en las tres últimas elecciones realizadas en nuestro país, donde la burla a la voluntad popular ha sido evidente y constatada por observadores nacionales e internacionales!
Siendo estudiante en la Universidad Nacional, participó en las luchas por la autonomía universitaria y, más tarde, colaboró en la redacción de la Ley Orgánica de la UNAN.
Provisto de una sólida formación académica (doctor en Derecho por la UNAN y en Ciencias Sociales por la Universidad de Kansas), Mariano inició su trayectoria universitaria como catedrático de Derecho Constitucional y Teoría del Estado. Luego, al dar principio la Reforma Académica promovida por el rector Fiallos Gil, Mariano tuvo a su cargo la organización y puesta en marcha del programa de Estudios Generales, llamado Año Básico, desde su cargo de director de la Escuela de Ciencias y Letras de León. Más tarde, fue electo decano de la Facultad de Ciencias y Letras y, en esa calidad, me acompañó durante mis casi diez años al frente de la rectoría de la UNAN.
En enero de 1974, el Colegio Electoral de la UNAN lo eligió como tercer rector de la Autonomía. El rector Fiallos Oyanguren dio continuidad al proceso de profundas transformaciones iniciadas por el padre de la autonomía, el doctor. Mariano Fiallos Gil. A Fiallos Oyanguren le correspondió dirigir los destinos del Alma Máter en los años finales de la dictadura somocista, que fueron difíciles, pues la represión se incrementó y menudearon las amenazas a la autonomía universitaria, que Mariano supo defender con entereza. Aun así, su paso por la rectoría dejó un legado de mucho beneficio para la UNAN, sobresaliendo la construcción del Campus Médico en León, a donde se trasladaron todas las facultades profesionales relacionadas con la salud (Medicina, Odontología, Farmacia, etc ).
Al triunfo de la revolución, Fiallos Oyanguren presidió por un tiempo el Consejo Nacional de Educación Superior (CNES), siendo luego electo presidente del CSE. Después de las elecciones de 1990, y cuando los arreglos políticos entre los partidos mayoritarios comenzaron a inyectar en el CSE el pernicioso virus del partidismo, Fiallos Oyanguren presentó su renuncia. No estuvo de acuerdo con la decisión de sacar de la línea de autoridad del CSE los Consejos Electorales Departamentales y Municipales.
Retirado, desde hace algunos años de la vida pública por razones de salud, vaya al rector emérito de la UNAN, hasta su hogar en la ciudad de León, mi abrazo fraterno. El autor es jurista, educador y escritor.
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