El amigo Jaime Vega me ha sugerido que escriba sobre el rapto de Europa. La verdad es que ya he escrito algo sobre este mito, pero hace mucho tiempo y sobre el mismo se puede escribir muchas veces, sin que necesariamente se tenga que repetir lo que se dijo anteriormente.
La leyenda del rapto de Europa se refiere básicamente a una hermosa princesa tiria, a quien Zeus raptó y llevó a Creta, gran isla de Grecia. Después, Europa daría su nombre al viejo continente.
Europa era hija de Agenor y Telefasa, reyes de Tiro, antigua ciudad de Fenicia a la cual pertenecía también la bíblica tierra de Canaan. Europa era hermosa como ninguna otra y solía reunirse con sus amigas en la orilla del mar, para bañarse en sus aguas y entretenerse con juegos de doncellas.
Zeus todo lo miraba desde la altura del Olimpo y observaba a la bella Europa. Y mientras más la miraba, sobre todo cuando la muchacha se despojaba de sus ropas y mostraba su espléndida desnudez para introducirse en las aguas del mar, más se prendaba de ella el dios olímpico y ansiaba poseerla sexualmente.
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Para poder acercarse a Europa y seducirla, Zeus tomó la forma de un toro. Es que para poder conquistar a las mujeres mortales de quienes se enamoraba o se encaprichaba, Zeus tenía que transfigurarse, se convertía en algún animal o adoptaba cualquier otra forma, pero nunca se presentaba ante sus conquistas femeninas como el dios que era. Por eso fue que a Leda, madre de la legendaria Helena de Troya, Zeus la sedujo tomando la forma de un cisne. Para poseer a Dánae, hija de Acrisio, rey de Argos, el dios olímpico se transformó en polvo de oro que como una brisa maravillosa cubrió el hermoso cuerpo de la princesa argiva. A Alcmena, princesa de Micenas, casada con Afictión y madre de Hércules, Zeus la poseyó sexualmente haciéndose pasar por su marido.
Hay que aclarar que Zeus no hacía esto simplemente para engañar a las mujeres mortales. Era que no se podía presentar ante ellas tal como era, pues el se manifestaba mediante los relámpagos, los rayos y los truenos. De manera que ver a Zeus significaba morir fulminado por un rayo.
Eso fue lo que le ocurrió a Semele, hija de Cadmo y Harmonía y madre de Dionisio o Baco. Semele era amante de Zeus, pero ella no lo sabía porque el dios se le presentaba en la forma de un hombre mortal. Semele supo quien era en realidad su amante por un sueño que le indujo Hera, la celosa esposa de Zeus, quien también la instigó a pedirle que le revelara su identidad. Zeus, quien se había enamorado de Semele le prometió concederle lo que ella pidiera. Y como un dios no puede faltar a su palabra, Zeus no pudo negarse a satisfacer la petición de su amante y al presentarse ante Semele con todo su poder y esplendor, Semele fue fulminada por un rayo.
He ahí, pues, por qué para raptar a Europa y hacerle el amor, Zeus se transformó en un toro de blancura deslumbrante, con los cuernos en forma de la luna naciente. La muchacha se acercó al hermoso animal, que se echó sobre la arena para que ella subiera a su lomo. Así lo hizo Europa y entonces el toro se lanzó a las aguas y nadó poderosamente hasta llegar a Creta, donde en un bosquecillo de sauces y a la orilla de un arroyo le hizo el amor.
Europa le tuvo tres hijos a Zeus: Minos, Radamante y Sarpedón. Después Europa se casó con Asterión, el rey de Creta, y fue tan buena como reina que los cretenses la divinizaron, le levantaron altares y dieron su nombre a la Grecia continental, primero, y a todo el continente después.
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