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Origen y esperanza
Comisionada Granera, yo fui uno de los muchos que sintió orgullo con su llegada a la jefatura de la Policía aquel septiembre de 2006. Hasta le hice una entrevista. ¿Recuerda? Le pregunté que cómo, viéndose tan frágil, iba a dirigir una institución tan dura como la Policía. “Tengo mi carácter”, me respondió. Para ese tiempo, la Policía Nacional estaba en franco proceso de profesionalización y la llegada suya —mujer, exnovicia, guerrillera, de rostro bondadoso, mano firme y ojos inteligentes— era para nosotros una garantía de que las cosas iban por buen camino.
Presidenciable
Tan bien se veía en el puesto que su figura comenzó a ser considerada presidenciable. Las encuestas siempre han sido generosas con usted. Todo iba bien. Hasta yo, que soy un criticón empedernido, hubiera votado por usted si se hubiese lanzado. Pero, todo comenzó a cambiar a partir de 2007, cuando el comandante Daniel Ortega llegó a la Presidencia. La Policía comenzó a retroceder en su profesionalización. Los símbolos de un partido empezaron a aparecer en las estaciones de Policía y Ortega les recordaba en cada acto su origen sandinista. Nosotros la quedábamos viendo, comisionada, buscando una explicación a lo que estaba pasando, pero para entonces usted empezó a aparecer menos y a esconderse más.
Licencia para matar
Pero esos pecadillos menores eran en realidad las señales de lo que se venía y empezó a verse con crudeza en noviembre de 2008, cuando las protestas por el fraude fueron reprimidas por turbas armadas de machetes, piedras y garrotes con el apoyo de la Policía. Ahí, en ese momento, comisionada, se trastocó algo esencial en la sociedad: a un grupo de personas se le concedió la potestad de violentar cualquier ley, licencia para matar. La Policía dejó de cumplir su función de proteger a todos los ciudadanos por igual y, por el otro lado, se criminalizó el reclamar derechos. Se partidizó la autoridad. O sea, un ciudadano de un signo político puede ser reprimido por la Policía por exigir el cumplimiento de una ley, mientras otros ciudadanos, de otro signo político, recibían apoyo de esa misma Policía para violar las leyes. “Ahora sí nos comieron los perros”, dijimos.
Paramilitares
Lo de noviembre de 2008 no fue un accidente. Esperábamos de usted el carácter que dijo tener cuando asumió el cargo, recordándoles a sus subordinados las funciones que la ley les asigna. Que les dijera que no se puede ser autoridad y ser delincuentes al mismo tiempo. Pero, nada. No hubo regaños. Solo vista gorda y, lógicamente, eso se repitió y ya parece ser una forma oficial de actuar. Así sucedió en Nueva Guinea en noviembre de 2012. Así pasó ahora, la madrugada del sábado, cuando un grupo de jóvenes y ancianos fue vapuleado y robado por grupos paramilitares a vista y gusto de la Policía que usted dirige.
Jóvenes
Por esos jóvenes que usted no protegió cuando los paramilitares los atacaron, y que trató como delincuentes, yo siento profundo respeto. Ellos son usted cuando soñaba con una Nicaragua mejor, más justa y libre. Usted, en cambio, es ahora la picana, la capucha, que ahoga la libertad. Usted nos está debiendo muchas explicaciones, comisionada.
Dignidad
Yo, honestamente, creo que usted puede hacer mucho por Nicaragua aún. Aquí no es asunto de derechas o izquierdas, ni liberales o sandinistas, como se quiere hacer ver. Se trata de definir de qué lado está uno. De parte de la justicia, de las leyes, de la libertad, de la democracia; o del otro lado, de la violencia, la acumulación de riquezas, la consigna que embrutece y la sociedad domesticada. Nicaragua va a cambiar cuando haya gente que por dignidad y orgullo deje de ejecutar las órdenes de los abusadores. Incluso, comisionada, estos ejecutores deberían pensarla dos veces antes de llenarse de lodo, porque en el momento menos pensado, y por las razones más tontas, les dan una patada. ¿Se dio cuenta lo que le pasó a la diputada Xochilt Ocampo, verdad?
Dilema
Así es que yo la veo en un dilema. Usted tiene la posibilidad de cambiar las cosas, aunque eso traiga consecuencias a su vida personal, o cargar con la responsabilidad histórica de haber convertido a la Policía en crecimiento profesional que recibió aquel septiembre de 2006 en una Policía política y represiva. Usted debe decidir. Y pronto, comisionada.
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