Viendo el alboroto que ha causado la atropellada aprobación de una ley que otorga de golpe a un empresario chino alrededor de 10 concesiones para proyectos, entre los que se encuentra un canal húmedo con capacidad para albergar barcos de hasta 250 mil toneladas, se me ocurre que lo peor que le está pasando a Nicaragua no es que está viviendo bajo un régimen fascista que se quiere eternizar en el poder. Lo peor es que los líderes del régimen no tienen la mínima idea de hacia dónde quieren dirigir el país.
Estas personas que hoy tienen el poder absoluto no saben qué hacer con él. Dedicaron su vida a acaparar el poder con el enfermizo objetivo de tenerlo y nada más. Lo único práctico que hacen con ese poder es enriquecerse.
Por lo demás, da la impresión que cuando las personas que mandan en este país se van a la cama Nicaragua se disipa en cuanto cierran los ojos. Cuando despiertan, en su mente se aloja la “misión” de crear de nuevo el país, pero sin tener el menor recuerdo de lo que era antes de irse a dormir. Es por eso que el país que crearán ese día tendrá las características de lo primero que se les ocurra al despertar. La ocurrencia de hoy es un gran canal.
Si esto que expongo suena descabellado, repasemos los “múltiples” países que estas personas han “soñado” en los seis años y medio que tienen de ostentar el poder absoluto.
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Desde que llegaron al poder soñaron con una refinería. Construirla tomaría cinco años. Llevamos seis y medio pero solo hay dos piedras y un pelotón de chinos en Puerto Sandino. Ellos supuestamente la van a construir.
Un paréntesis, si se fijan, ahora todo es “los chinos”. Estos líderes que viven en el país de Nunca Jamás, que cuando duermen se disipa, necesitan su hada madrina, una especie de Campanita, como la de Peter Pan. Se les fue Hugo Chávez, se buscaron a los chinos.
Pero sigamos con los países “soñados”: está el que iba a tener un puerto de aguas profundas construido por los brasileños en Monkey Point; el que iba a producir algodón para los telares que se iban a instalar; el país que el año pasado iba a ganar la batalla por el sexto grado; el que iba a usar el lago como reserva de agua potable; el otro país que iba a usar el lago para generar energía en Brito y el que iba a tener un satélite de telecomunicaciones propio.
Y siguen soñando un país nuevo cada día, porque como en el Nunca Jamás de Peter Pan, en este que ellos viven tampoco existe el tiempo. En el cuento los protagonistas iban a ser niños por siempre. Aquí esto dirigentes creen que van a tener el poder eternamente… en su mente.
Para quienes no creen en lo vital que resulta para el desarrollo la institucionalidad, la supremacía de la Ley, la igualdad, las libertades individuales y la separación de los poderes, o sea para los colaboracionistas del régimen, tener unos líderes que ostenten el poder absoluto sería tal vez justificable si estos tuvieran una visión clara de lo que quieren hacer con el poder más allá de enriquecerse y mandar.
Tal vez habría justificación para los colaboracionistas si sus líderes fuesen una especie de Lee Kuan Yew, el líder de Singapur desde 1959 hasta 1990 que con mano de hierro y eficiencia tomó una pequeña isla sin recursos y la convirtió en un país donde el ingreso per cápita es de 39,000 dólares y ocupa el lugar número 19 en el Índice de Desarrollo Humano, a pesar que Lee Kuan Yew pasó por encima de muchas libertades individuales. Pero tener como líderes con poder absoluto a personas que viven en un mundo que se disipa cuando ellos duermen es el peor de los mundos y raya en lo lunático. Eso no tiene sentido para los colaboracionistas y mucho menos que lo tenga para el resto de nicaragüenses.
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