El Totemismo, primera forma de religión que conocemos, contiene como piezas indispensables de su sistema una serie de preceptos y prohibiciones que, naturalmente, no son sino otras tantas renuncias instintuales: la adoración del tótem, que incluye la prohibición de dañarlo o de matarlo, la exogamia, es decir la renuncia a la madre, y a las hermanas de la horda, apasionadamente deseadas, la igualdad de derechos establecida para todos los miembros de la horda fraterna, o sea el impulso a resolver violentamente la mutua rivalidad.
En estos preceptos hemos de ver los primeros orígenes de un orden ético y social (Sigmund Freud, obras completas, Santiago Rueda-Editor, Buenos Aires, 1965).
Trataré de explicar la teoría freudiana, que aunque no se basa en hechos virtuales, ni tampoco, en matemáticas, no es producto de su “mera imaginación”, sino en la teoría darwiniana de la evolución y las leyes de la selectividad natural, en Roberson Smith y en Atkinson.
En épocas prehistóricas, el macho más fuerte daba muerte a los hijos de la horda, respetando al menor, quien gozaba de la protección materna; los demás veneraban al padre, para darle muerte después, devorándolo, y ocupando su lugar; a través de los siglos, el macho todopoderoso adquirió forma de animal o antropomórfica, este animal que representaba al padre era devorado por la horda en un día festivo, lo que Roberson Smith denominó el banquete totémico; esta representación por un animal dio lugar a la humanización de la horda, bajo un contrato social o alianza fraterna, que implicaba valores éticos y morales, había una sacralización por lo acordado por la horda y si se violaba, era castigado con la muerte, el tótem era el animal que dio lugar a la exogamia o a la prohibición del incesto, solo el todopoderoso macho podía poseer a todas las hembras, esto se denominó el tabú (Freud: Tótem y Tabú, 1912).
A muchos autores les ha llamado la atención la comunión cristiana, donde los fieles beben y comen el cuerpo de su propio Dios.
En diciembre del 2010, publiqué en este Diario Raíces del Islamismo, curiosamente en enero del 2011 un tunecino se inmolaba para dar comienzo, en el Magreb Arábigo a la primavera árabe. En ese artículo, hablo del pentateuco o sea los cincos primeros tomos del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Números, Levíticos y Deuteronomio, que con el de Josué forman el hexateuco, piedra angular del dios Yahvé, rollos escrito por Moisés y Josué, supuestamente, dando lugar al monoteísmo judaico, después se basarían el cristianismo y el islamismo en estos libros.
Según Freud, Moisés fue, si es que existió, un egipcio, hijo de faraones, que tomó del imperio egipcio la circuncisión y del faraón Ikhnaton, a aton, que era el sol, ya era una forma monoteísta clara de la civilización egipcia; transformándolo en Yahvé, unos XIII siglos antes de Cristo, imprecisos por cierto; Moisés el gran libertador, legislador y fundador de la nueva religión impuso la circuncisión, y las leyes que, él mismo, quebrantó, les imprimió al pueblo judío el ser los elegidos del nuevo dios, de hecho se han mantenido unidos por siglos, y son los únicos sobrevivientes de los antiguos pueblos de la cuenca mediterránea.
Según Eduard Meyer, fue en 1358 que los judíos aceptaron al nuevo dios Yahvé, que se da en un oasis de manantiales llamados Meribath Qadesh, nombre que provenía de la tribu árabe de Madian, de donde provenía la esposa de Moisés; esto ocurrió durante el éxodo; Moisés hizo alianza con los levitas y se hizo acompañar de un séquito de prosélitos arameos guerreros para invadir Canaán, sobre esto, hay excelente documentación historiográfica, halladas en las ruinas de Amarana; este manantial se encontraba situado entre Arabia, Palestina y la Península del Sinaí. El autor es médico.
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