La vida entre el carbón

El nerviosismo se apodera de ellos cada vez que un extraño les pregunta por su oficio. “Antes yo hacía carbón, pero ya tengo como tres años que no hago”, dice Mariano García, de 61 años de edad. Pero lo delata un hoyo con residuos de madera quemada que está dentro de su propiedad. “Ese hoyo que ve ahí es de unos chavalos que me pidieron permiso”, dice García, cuando se percata de la evidencia.

Por Eduardo Cruz

El nerviosismo se apodera de ellos cada vez que un extraño les pregunta por su oficio. “Antes yo hacía carbón, pero ya tengo como tres años que no hago”, dice Mariano García, de 61 años de edad. Pero lo delata un hoyo con residuos de madera quemada que está dentro de su propiedad. “Ese hoyo que ve ahí es de unos chavalos que me pidieron permiso”, dice García, cuando se percata de la evidencia.

Entre los kilómetros 55 y 56 de la carretera a El Rama, unos cuatro kilómetros hacia adentro, hay aproximadamente cinco comunidades cuyos habitantes sobreviven de la venta de carbón. Cuando se viaja por ese lugar, se pueden observar sacos repletos de carbón en las aceras de las casas que están a la orilla de la carretera. Este carbón se produce en las comunidades El Pochotal, Malueño, El Esquirín, Acedades, entre otras. “Aquí la mayoría de la gente vive de eso”, dice García, quien vive en El Esquirin.

El camino es semipedregoso y está adornado de algunas casas de concreto y en su mayoría de viviendas construidas con arcilla. El sol quema con gran intensidad en este lugar, y la calle principal es transitada por hombres con machetes y las manos manchadas por el negro del carbón.

El despale en la zona se hace evidente con el paisaje árido que se observa a los lados del camino que recorre las comunidades. Aún así, ellos insisten en que la madera que se ocupa para el carbón es la que se extrae de las huertas antes de la siembra.

Los habitantes de estas comunidades se muestran amables. Solamente cuando se les pregunta por la fabricación de carbón es que se ponen reacios a hablar.

La fuente de divisas

Hay una característica predominante entre las comunidades de este sector: la pobreza. Muchas de las casas están construidas de arcilla, el piso es de tierra y no siempre tienen agua potable. “Aquí no hay nada que hacer y de lo único que se puede sobrevivir es del carbón”, se sincera Sofía Guzmán Jirón, de 50 años y habitante de Acedades.

“Yo vivo aquí desde que nací y siempre se ha vivido del carbón”, agrega Guzmán. Su marido, Félix Rodríguez Obando, también de 50 años de edad, dice que el carbón lo elaboran con leña que se corta en las huertas y asegura que no es que anden cortando árboles de manera indiscriminada.

Según Rodríguez, en las tierras de Acedades se siembra maíz, pipianes, ayotes, trigo y que cuando se limpia el terreno para la siembra es que se extrae la leña con la cual después se produce el carbón. No hay un tipo de leña especial para hacer el carbón, sino que lo hacen de cualquiera, principalmente de chaperno y cornizuelo.

Hay un río que atraviesa al menos a las comunidades de Acedades y El Pochotal. “Este río se llena solo en invierno. La gente no puede pasar. Ahorita en verano el agua no llega más que al ojo del pie”, dice Yader, un joven que es dueño de una pulpería en El Pochotal, uno de los pocos negocios que existen en el lugar.

Mariano García tenía 22 años de edad cuando comenzó a fabricar carbón. Y recuerda que el saco se vendía a “seis pesos”. Hoy, en temporada buena se puede conseguir hasta 120 córdobas por saco, aunque por lo general se vende a 100 córdobas. En la carretera, los revendedores comercializan el saco de carbón hasta en 180 córdobas.

Ramón Hurtado García, de 32 años, es nacido en Acedades. Él no sabe leer ni escribir, ni su esposa María Adilia Rodríguez, de 30. Lo único que saben es sumar y restar. Y esa misma situación la viven la mayoría de los habitantes de esas comunidades.

“Aquí los chavalos desde pequeño no quieren ir a la escuela. Prefieren ir a trabajar a la huerta”, explica Hurtado. Su esposa indica que ella nunca fue a la escuela desde primer grado porque nunca le gustó. En cada comunidad hay una escuela, pero muy pocos niños son constantes en clases, explicó Hurtado.

Conviviendo con el temor

Sobre la carretera vive María Somoza con su esposo Lorenzo Oporta. Lorenzo permanece callado, pero María habla tratando de convencer de que no todas las personas viven del carbón en la zona, y que ella solamente lo vende en ocasiones. “¿Vinieron para prohibir la venta de carbón?”, pregunta con preocupación María, pero luego se calma cuando se da cuenta de que solo se trata de un equipo de periodistas y no de funcionarios del Marena.

Igual ocurre con el dueño del bus que recorre los municipios donde se produce el carbón. El bus fue captado en el camino principal con una buena cantidad de sacos de carbón en el techo. Cuando el conductor vio que le estaban tomando fotos, luego se negó a recoger más sacos que lo estaban esperando en el camino para trasladarlos a la carretera a El Rama.

Cada vez que un vehículo extraño se adentra en las comunidades, se produce como una alerta y los habitantes niegan con énfasis que sean “carboneros”. Es por el temor a las autoridades ambientales, quienes de vez en cuando llegan a inspeccionar el lugar.

¿Cómo se hace el carbón? En las comunidades de Acedades, El Pochotal, El Esquirín y Malueño el carbón se hace en cantidades grandes en los potreros, pero también en las casas particulares las familias tienen su “carbonera”, la cual es un hoyo cavado en el patio. Ramón Hurtado explica que primero: Se cova un hoyo de no mucha profundidad. Se coloca la leña bien acomodada, de manera que haya pequeños espacios entre rama y rama. Se tapa con hojas o zacate. Se le echa tierra encima pero dejando un hueco para prender fuego a la leña. Se deja quemando según la leña por un día o por un día y medio.

La Prensa Domingo carbón García archivo

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