El curso de Redacción Funcional de LA PRENSA ha motivado a muchas personas y está creando un interés genuino en quienes desean escribir bien.
El día que publicamos la bisagra con el árbol de la excelencia en redacción recibí muchos correos electrónicos y mensajes por las redes sociales donde me decían la evaluación obtenida.
Aunque algunos andaban “por el suelo”, todos manifestaban su deseo de estudiar los temas de redacción del curso.
En las visitas a los colegios y universidades algunos lectores de LA PRENSA me preguntaban por qué empezaba con el párrafo y no iba directo a la carta, o el informe.
El párrafo, a veces olvidado por algunos maestros, es la piedra angular para “construir” con nuestras palabras edificaciones mayores. Al igual que cuando se hace una casa, empezamos por los cimientos, por las bases, en la redacción sucede lo mismo.
Quien sepa redactar bien un párrafo, podrá escribir mejores ensayos, informes, actas o cartas.
Por eso insisto en que perfilemos el estudio del párrafo, le demos el espacio y el tiempo que se merece nuestro “don párrafo”, porque tal honor es suyo.
Unidad, coherencia y claridad deben ser el cemento que solidifique las oraciones que forman un párrafo. Para esa mezcla ideal debemos evitar los errores que atentan contra esas tres cualidades.
La unidad puede ser agredida por cuatro males: pérdida de la idea central, repetición o fragmentación de la misma, o idea central inconclusa.
Demos un antibiótico eficaz para combatir esos males, la medicina se llama Curso de Redacción Funcional y sale en LA PRENSA de jueves a domingo.
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