Nicaragua reitera la devoción cultural por la ópera al abrirse de nuevo el telón del Teatro Nacional Rubén Darío los días 7 y 9 de mayo, para que brillen en el fondo los actos de “Carmen”, la ópera de Georges Bizet (183-1875). Se presentó antes aquí durante tres noches consecutivas —27, 28 y 29 de junio del 2006—.
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El proyecto, de replicar el acontecimiento con un elenco y con participación de más de 150 artistas, pertenece al Teatro Nacional Rubén Darío y concretamente a su director, Ramón Rodríguez. El plan recibe además el apoyo de la Camerata Bach y de músicos de diferentes países, la Unión Europea (Alemania, España, Austria, Finlandia) y empresas privadas nicaragüenses en festejo del día de Europa, además de consagrados solistas de Italia, Alemania, Cuba y de otras naciones.
De Cuba llega la estelar Maité Lozano para revivir a Carmen y de Alemania Tomás Anderson para hacer lo mismo con José. No solo habrá vibración coral y orquestal de elementos selectos de aquí y de allá del continente, sino que una manifestación hermosa de unidad, el símbolo de los lazos promovidos por la adhesión en el siempre celebrado mundo del teatro cantado, cuya cuna estuvo en los madrigales.
El éxito de Bizet
Del autor de su música Georges Bizet, los biógrafos de la época sostienen que el fallido estreno de la ópera aceleró el proceso de su finitud. A partir de ahí su existencia se tornó desmotivada. Tantos años después el compositor vive cada vez que Carmen le canta porque la posteridad se encargó de consagrarlo en la rectificación abrumadora del concepto negativo, expuesto por los críticos. Ah, si Bizet viviera para gozar el desagravio que le han dado los profusos aplausos que los públicos del mundo le han tributado a su Carmen, ópera creada para perdurar.

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