Por Fabián W. Waintal
Con sombrero y larga barba blanca, Nick Nolte llega al segundo piso del Hotel Four Season a paso lento, mirando para abajo, como si por arte de magia pudiera desaparecer entre la gente. Imposible para un rostro tan conocido. Se toma su tiempo y habla con la frente bien alta, dispuesto a debatir o cambiar de tema con cada respuesta, mostrando el perfil de uno de los actores más famosos y extraños de Hollywood.
::: ¿Piensa que Hollywood hoy es más fácil o más difícil para la generación de actores jóvenes?
No sé si es más difícil o más fácil. Lo importante es saber si la nueva generación realmente aprovecha las herramientas que tiene al alcance. Y puedo decir que sí. Utilizan todo. Es una lástima que nosotros no hayamos tenido internet en los años sesenta.
::: Entre tantas nominaciones al Óscar y ninguna estatuilla en las manos, ¿hasta qué punto realmente le interesa ganarlo?
Nunca me gustó el Óscar. Es demasiado para mí. (ríe). Una vez me pidieron que fuera a presentar un premio. Y les dije que me encantaría hacerlo si me daban apenas un 0.25 por ciento de las ganancias (risas). “No, señor Nolte, todos lo hacen gratis” me dijeron. Y yo contesté “Sí, lo sé. Y es el show más grande en la televisión… sé que pueden compartir un 0.25 por ciento de las ganancias”.
::: ¿Cuáles eran sus sueños al principio de su carrera?
Lo único que yo quería era actuar. Y pude hacer teatro durante 14 años. Desarrollamos todo un repertorio para crear una gira por el sudoeste de Estados Unidos. Recién después me fui a Nueva York, para un comercial del anticongelante Prestone, cuando ya estaba casado con la mujer más hermosa de Phoenix.
::: ¿Se refiere a su primera esposa, Sheila Page?
Sí. Estábamos haciendo la obra de teatro The Miracle Worker y toda la compañía solía ir al restaurante donde se juntaba un montón de hombres de negocios de Phoenix, solo para poder saludar a Sheila. A ella no le gustaba para nada. Un día en aquel restaurante pasó la mano por debajo de la mesa, me tomó de la mano y me dijo: “Te llevo a casa conmigo”. Yo dije ok y nunca más me fui (risas). Ella también pasó por otro tipo de situaciones… salíamos al desierto a tomar LSD.
::: ¿Drogas?
Muchas de las visiones de la forma en que veíamos las cosas, en nuestra época, cambiaron con estos viajes psicodélicos.
::: ¿Qué tan estricto es como padre?
Cuando mi hijo Brawey cumplió 12 años le dejé elegir. Le pregunté si quería una casa abierta o cerrada. Cuando me preguntó la diferencia, le dije que en una casa abierta permitimos que entre gente, pero con reglas, con una hora para ir a la cama durante la semana y un número determinado de personas en la casa. En una casa abierta podía dejar que otros amigos vivieran con él y en una casa cerrada, nada de eso, tenía que ir a la escuela, ir a jugar, pero todos tenían que volverse a las 6:00. Por supuesto, él eligió la casa abierta.
::: La película The Company You Keep cuenta un lado de la historia de Estados Unidos que muy poca gente conoce. ¿Qué pensó usted cuando leyó el guión?
Fue emocionante contar la historia. Debería haber una ley que te prohíba tener cualquier relación de pareja cuando amas el trabajo, porque no es justo para la otra persona y yo tengo ese amor. Siempre quise mostrar la generación de los años sesenta porque tuvo una enorme influencia en los cambios de este país. Cuando yo iba a la escuela tenía que ir con el mismo uniforme que todos los demás, pero igual usaba una media roja y otra azul, solo para rebelarme, no podían castigarme por no tener las medias del mismo color.
::: ¿Qué tal fue trabajar como actor bajo la dirección de otro actor, como Robert Redford?
Al principio tuve mucha curiosidad por trabajar con Bob (Redford). A mí siempre me gustaron los actores que dirigen. En los ensayos me sorprendió la falta total de tensión, fui a Vancouver y todo era muy tranquilo.
::: ¿Qué opina de los activistas políticos que lucharon en contra de la guerra de Vietnam, como muestra la película?
Mi padre había ido a la Segunda Guerra Mundial, porque yo nací en 1941. Vivíamos en una casa de tres pisos que parecía grande, pero no lo era tanto. Y me acuerdo todo el entusiasmo, el día que papá volvió a casa. Yo no entendía en ese entonces lo que significaba, pero igual me acuerdo el sentimiento del entusiasmo que todos teníamos y todavía tengo grabada la imagen de él en la puerta. Parecía un esqueleto. Medía más de dos metros y había perdido más de 20 kilos de peso. Después de haberlo visto, supe que yo no quería pasar nunca por algo así.
::: En su época, ¿alguna vez tuvo contacto con el verdadero grupo de activistas políticos extremistas que estaba en contra de la guerra de Vietnam?
La verdad, nunca los conocí, solo había escuchado de ellos. Yo siempre traté de evitar la violencia. Así me criaron. Yo podía hablar mucho, pero de ahí a hacer algo, nunca. Vivimos demasiado en nuestra época.
::: ¿Y qué opina sobre los cambios políticos más contemporáneos como el matrimonio gay o la ciudadanía para los inmigrantes ilegales en Estados Unidos?
A nadie le gusta el cambio. A nadie. Pero solo hay una realidad: los cambios siempre van a existir. Siempre habrá resistencia al cambio y siempre habrá cambios. Cuanto más pronto te des cuenta, más fácil será aceptarlo.
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