Noel Amílcar Gallegos
Mientras en el municipio norteño de Rancho Grande los concejales liberales son amenazados y chantajeados por el partido de gobierno, para obtener el control total municipal, en Managua la oposición apuesta a la negociación con el FSLN en la elección de los cargos vencidos en las instituciones del Estado.
Para el secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), monseñor Silvio Báez, esto demuestra un desequilibrio político en ambos escenarios.
El Partido Liberal Independiente (PLI) tiene diez concejales que unidos a los dos del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) son mayoría con 12 sobre el FSLN que tiene 11.
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“Es lamentable que en Managua hay una imagen, y en muchos municipios hay otra. Esto muestra también el desequilibrio político que vive Nicaragua. Probablemente la política es más sana, y hay un juego democrático más auténtico en muchos municipios, como lo ha demostrado la historia reciente, que en la misma capital”, subrayó Báez ayer en Niquinohomo, después de oficiar una misa en la iglesia del pueblo.
Agregó: “La Pascua debe de ser un nuevo inicio, y yo creo que nuestros políticos católicos deberían de pensar que su fe en Jesucristo resucitado debe llevarlos a un nuevo comienzo, a una verdadera purificación del corazón primero, (y luego) a una auténtica purificación de las instituciones, del modo de ejercer la política, para que este país pueda salir del atolladero institucional en que se encuentra”.
MAYOR DESPRESTIGIO DE CLASE POLÍTICA
El secretario del CEN consideró que ya son varios años de estancamientos, y que el crecimiento económico del país, que puede ser explicado por muchos motivos, no significa democracia, ni de bienestar del país.
Al consultarle sobre el “boleo” que mantienen la oposición y el oficialismo, en un acuerdo definitivo para elegir a funcionarios que ocuparan los cargos vencidos dentro de los diferentes poderes del Estado, el purpurado puntualizó que mientras más se alarga este proceso, mayor es el desprestigio de la clase política nicaragüense, tanto la gubernamental como la de oposición.
De igual forma analizó que la incapacidad política de encauzar las instituciones de Nicaragua para fortalecer un verdadero estado democrático les ha dañado la imagen, porque pareciera que no han captado la seriedad de la escogencia de los nuevos funcionarios públicos.
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