Escape hacia Venecia

En días como estos, calientes como el horno donde se doran las rosquillas, Venecia es un lugar tentador. No la Venecia de Italia, sino la de Estelí. La alternativa perfecta para esas personas que, cuando las playas bullen de veraneantes asoleados, prefieren el frío, el café y, sobre todo, el silencio.

Por Amalia del Cid

En días como estos, calientes como el horno donde se doran las rosquillas, Venecia es un lugar tentador. No la Venecia de Italia, sino la de Estelí. La alternativa perfecta para esas personas que, cuando las playas bullen de veraneantes asoleados, prefieren el frío, el café y, sobre todo, el silencio.

Venecia es un caserío de adobe situado en la Reserva Cantagallo, a 21 kilómetros del municipio de Condega. Allí los días comienzan y terminan con neblina, incluso en los meses más cálidos. Y el frío de la noche obliga a buscar dos cobijas, cuando en otras zonas del país no se duerme sin abanico.

En esta tierra fría, los campesinos cultivan café, crían gallinas y alimentan un sueño: sacarle frutos al turismo rural. A eso apunta el proyecto Parque Ecológico Cantagallo, de la cooperativa Laureano Flores, conformada por venecianos de esta Venecia, a la que un hacendado bautizó así hace muchas décadas; inspirado en la belleza de la homóloga ciudad italiana.

En una colina está el albergue de la reserva. Desde ahí, el pueblo se ve como una colección de casitas hechas con cajas de fósforos, colocadas al azar en medio de los cerros.

Tiene cinco cuartos, para grupos de hasta nueve personas, salvo uno, que fue destinado a parejas. Por una noche en este albergue cada huésped paga 120 córdobas.

Se puede llevar comida o bien solicitar los servicios de doña Rosalina Flores, quien con gusto pondrá a funcionar la cocina para preparar frijoles, tortillas, huevos y un cafecito que espante el sueño y alivie el frío. No es cualquier café. Este ha sido premiado con la Taza de la Excelencia.

Si al huésped se le antoja una gallina de patio, puede pedirla. La taza de sopa le saldrá en unos ochenta córdobas.

¿Qué hacer?

Aunque es una zona tranquila, hay mucho que hacer en Cantagallo. El parque ofrece caminatas por montaña virgen, guiadas por un baqueano de Venecia, que se va abriendo paso a filo de machete. En estas excursiones se disfruta de aire puro y un clima de más de 1,200 metros de altura.

Además, por el sendero se observan robles, zapotes, aguacates, pinos, flores y palmeras. Se ven aves que se acercan para alimentarse de las frutas del bosque, armadillos distraídos, ardillas inquietas y ranas de ojos rojos y patitas anaranjadas.

Para viajeros románticos está la opción de dar paseos en bote de remos por la laguna artificial de Venecia, de unos cincuenta metros de diámetro.

Si se quiere echar un vistazo a valles y las montañas de la región, es obligatorio visitar el mirador de El Fraile. Se cuenta que ahí un religioso estuvo perdido y harapiento. Para todos los recorridos, en el albergue le garantizarán un guía. Hay cinco en la comunidad.

A cambio, usted dará una ayuda voluntaria al veneciano que le acompañe en sus exploraciones, señala Sheyla Palacios, promotora del turismo en Cantagallo.

Si acaso lo suyo no es caminar o simplemente desea dar un paseo a caballo, puede alquilar uno por 80 córdobas (todo el día) o por 25 (una hora). Nada es caro en Venecia.

Visite Cantagallo, conózcala y apréndala con calma. Escuche lo que sus habitantes tienen para contar y oirá asombrosas historias de pactos con el diablo, gallos de oro, guerrillas y muchachas encantadas.

Vaya a Venecia. Mire cómo el agua baja de la montaña y a fuerza de gravedad llega a este pueblo habitado por gente amable y laboriosa, por hombres que parten al campo cuando el Sol se está levantando y mujeres que a las 5:00 de la mañana muelen el maíz para las tortillas. Sienta el frío de este lugar tan cálido.

La Prensa Domingo escape Venecia archivo

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