Edgard Rodríguez
Aun cuando no se trata de la misma imagen, sus acciones han sido tan similares y bajo una misma presión extrema, que pareciera que la televisión está repitiendo.
Pero no. El lunes, LeBron James tomó el balón por el ala derecha. Dribló para agotar tiempo y soltó su última bala, cuando no había chance de ripostar. Miami ganó 105-103 a los Celtics.
Miércoles en Cleveland. El tiempo se agota. Quedan solo 4.7 segundos por jugar. James dispara y logra la ventaja 96-95. Al instante, tira libre y acierta dos más. El Heat respira y gana 98-95.
Una presencia así, desequilibrante en los momentos cumbres, hace recordar el trabajo bajo asfixia que hacía el escolta de los Bulls, al que llamaban su majestad.
No es una comparación con Michael Jordan. Para eso hay que esperar que James gane otros cinco títulos en la NBA y se adjudique el MVP dos ocasiones más.
Pero James, la figura más resplandeciente de la actualidad en la NBA, se ha puesto al Calor de Miami sobre sus hombros y lo está metiendo en la historia con su racha de triunfos, que ya está en 24.
Ahora Miami está tras los 33 éxitos de los Lakers en 1971-72, cuando tenían a Wilt Chamberlain, Jerry West, Elgin Baylor y Gail Goodrich. Ah, y Pat Riley.
Al Heat (53-14) le quedan 15 juegos y al menos 10 son ante varios de los peores equipos de la NBA, aunque tras el susto ante Cleveland, tendrán que ir con cuidado.
Miami no solo es James. El pívot Chris Bosch, el escolta Dwyane Wade, el veterano Ray Allen y Mario Chalmers redondean una pujante tropa, pero cuando hay angustia, el balón termina en las manos de James y él sabe qué hacer.
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