El paso al frente que la historia le exigía fue dado el martes por República Dominicana, que se situó en la cima del beisbol, al triunfar en el Clásico Mundial.
A veces es necesario tropezar para levantar los pies. Y eso pasó con Dominicana, tras dos deplorables actuaciones en 2006 y 2009. Ahora ganó de modo invicto.
Esta vez volvió a disponer de otro talentoso equipo, pero su compromiso con una meta estableció la diferencia en la obtención de un título que lo tiene merecido.
Dominicana ha ganado 19 veces la Serie del Caribe. Se adjudicó la X Serie Mundial de 1948 aquí y tres veces fue segundo, pero nada de eso es tan valioso como este cetro.
Ganar el Clásico no solo confirma a Dominicana como potencia beisbolera, sino que además, estimula todo el esfuerzo que ahí se hace en el desarrollo de talentos.
Después de Estados Unidos, que aún no atina cómo colocarse en la cúspide, los dominicanos tienen la industria del juego más desarrollada y productiva.
Desde que Ozzie Virgil abrió el camino en 1956, un total de 575 quisqueyanos han jugado en las Mayores. El año pasado hubo 95 a la vez. Eso es producir.
Pero más importante aún es la visión con que se atiende el beisbol, a tal extremo que además de producir emociones, también produce dólares y en millones.
Solo el turismo y las zonas francas tienen un impacto mayor en la economía dominicana que el beisbol, que además de emoción y dinero da sentido de pertenencia.
Quizá eso explica entonces la gran alegría con que se ha tomado en Dominicana el hecho de colocarse en la cima del beisbol mundial.
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