Nectalí Mora Zeledón
A veces el futbol tiene momentos inolvidables. Especiales. Difícilmente se repiten de la misma forma porque dejan un recuerdo positivo, que marca para toda la vida. Estas experiencias están precedidas por pequeños detalles que, cuando todo empieza, no se notan; pero al final, cuando se lucha y se alcanza lo que se persigue, se hacen evidentes.
“No me imaginaba que me iban a elegir, ya que había jugadoras que andaban muy bien”, narra una de las mejores jugadoras de los colegios AASCA.
Por otra parte, el equipo masculino del San Agustín se quedó con el tercer lugar de su categoría tras vencer 2-1 en tiempo extra al Colegio Maya de Guatemala.
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El pasado domingo, las muchachas del colegio San Agustín ganaron invictas el Torneo de Futbol Femenino de la Asociación de Colegios Americanos de Centroamérica (ASSCA). El título, que lo conquistaron al imponerse 2-1 al Colegio Panamericano de El Salvador, no es uno más, es el primero internacional y en la segunda participación en esta competencia.
La clave del éxito fue una combinación de situaciones deportivas y personales que le dieron la fortaleza al grupo para salir adelante. “En el último partido las muchachas demostraron que no querían irse con el segundo lugar, principalmente las que se iban a graduar porque querían llevarse ese recuerdo”, explica Pablo García, técnico del equipo.
“Les dije a mis compañeras que dieran todo en el campo y que después no dijeran por qué no lo hice”, cuenta Vanessa Martínez, capitana del onceno y una de las jugadoras que estará su último año en el colegio, sobre el motivador discurso que ensayó ante sus compañeras previo a la final.
“Cuando se fueron a la cancha salieron con todo. En 20 minutos tenía controlado el partido, ganábamos 2-0”, recuerda García.
María Dolores Gadea y Ariana Martínez anotaron por el San Agustín en la final. También Martínez fue la goleadora del equipo con cuatro y la Más Valiosa. “Estoy orgullosa de mi equipo. Trabajamos duro. Fuimos a darlo todo y a buscar la victoria”, dice Martínez, hermana de Vanessa.
“El objetivo era estar en el final porque nos habíamos fogueado con universidades y colegios y sentimos que las preparación era buena. Las muchachas pusieron de su parte. Se aplicaron, tuvieron disciplina y sacrificio. A veces no salieron un viernes porque entrenábamos el sábado”, valora el técnico del San Agustín.
El éxito fue colectivo y marcó al grupo. A algunas jugadoras más que a otras. “Me llevo un recuerdo que estará por siempre conmigo”, ratifica Vanessa.
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