Edgard Rodríguez
Me uno a quienes ven en la medalla de oro, ganada por el beisbol en los Juegos Centroamericanos de Costa Rica, un motivo para alegrarse.
No solo porque como lo dijo MacArthur, “nada sustituye a la victoria”, sino porque el beisbol nica ha batallado mucho últimamente sin ver salir la luz.
Nuestro beisbol necesitaba una razón para entusiasmarse, para levantar la cabeza y mirar al futuro. Para mejorar su autoestima y recuperar su confianza.
Para entender, que si en realidad aspiramos a cosas mayores, conviene comenzar dando pasos en firme, aunque sea en el vecindario.
Es una medalla modesta, pero con el actual contexto del beisbol es a la que podemos aspirar con chance de ganarla. Más allá, es difícil.
Y sin embargo, es una presea que costó trabajo capturarla. Al menos Panamá, que tiene mejor beisbol que nosotros, exigió al equipo al máximo, y respondió.
A los demás equipos del área se les ganó como se debía, con palizas, mientras se anticipaba que Panamá era un trago amargo que había que ingerir.
De modo que la misión con que se fue a San José se ha cumplido. Se ha restablecido el orden en la zona y con toda la legitimidad.
Pero mal se haría si se piensa que se anda bien. Este beisbol necesita trabajo y el peligro de ganar es que se ocultan las fallas y se agrandan las virtudes.
Hay que celebrar sin embriagarse de triunfalismo. Lo que se ha logrado es un motivo para trabajar mejor. Ahora, tampoco creo que se debe subestimar el esfuerzo.
El oro en Centroamérica podría ser de pocos kilates, pero incluso ese cuesta atraparlo. Hay que luchar duro.
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