En la columna sobre Japeto, padre del titán Prometeo, mencioné la hipótesis de algunos mitógrafos y mitólogos acerca de que Japeto es el mismo Jafet de la leyenda hebrea, hijo del patriarca Noé que gracias a Dios sobrevive con su familia al diluvio universal.
En el mito griego, Japeto es el padre de Prometeo y Epimeteo. Luego, Deucalión, hijo de Prometeo, y Pirra, hija de Epimeteo, forman matrimonio y cuando ocurre el diluvio son los únicos seres humanos que se salvan, gracias a la protección de Prometeo. En la leyenda hebrea son ocho las personas que se salvan del diluvio provocado por Dios cuando se arrepintió de haber creado al hombre que se dejó llevar por la maldad. Esas ocho personas son el patriarca Noé y su esposa, cuyo nombre no se menciona en la Biblia, y sus hijos Sem, Cam y Jafet con sus respectivas mujeres, de las cuales el Antiguo Testamento tampoco da sus nombres.
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Según la enciclopedia libre en internet, Wikipedia, el diluvio de la mitología griega fue “producido por Poseidón (el dios de los mares, pero también de los terremotos, maremotos y demás desastres que ahora llamamos naturales) por orden de Zeus que decidió poner fin a la existencia humana, por haber aceptado el fuego que Prometeo había robado del Monte Olimpo. Deucalión y su esposa fueron los únicos supervivientes. Prometeo le dijo a su hijo Deucalión que construyese un arca en la que introdujera una pareja de cada animal, de forma análoga a la historia bíblica, y así sobrevivieron”.
Por su parte, el mitólogo británico Robert Graves dice en su libro Los mitos griegos que “el diluvio fue causado por la ira de Zeus contra los impíos hijos de Licaón”.
Licaón era un rey de Arcadia que por su excesiva religiosidad llegó al extremo de sacrificar un niño a Zeus, por lo cual este lo castigó transformándolo en lobo. Posteriormente, los hijos de Licaón que eran entre 20 y 50, cayeron en impiedad y cometieron innumerables crímenes, provocando la ira de Zeus que para castigarlos los convirtió a todos en lobos, igual que a su padre.
Sigue contando Robert Graves que “A su regreso al Olimpo, Zeus, disgustado, desencadenó un gran diluvio sobre la tierra, con el propósito de destruir a toda la raza humana. Sopló el Viento Sur, comenzó a llover y los ríos corrieron con estruendo al mar, que creció con asombrosa rapidez, arrasando todas las ciudades de la costa y la llanura, hasta que quedó inundado el mundo entero, con excepción de unas pocas cimas de montaña, y todas las criaturas humanas parecían haber muerto, excepto Deucalión y Pirra”.
Pero más adelante el mismo Graves dice que no solo Deucalión y Pirra se salvaron del diluvio, “pues Megaro, un hijo de Zeus, se había levantado de su cama atraído por los gritos de las grullas que le llamaban a la cumbre del monte Gerania, lugar que se salvó de las aguas”. Agrega Graves que también se salvó del diluvio un tal Cerambo de Pelión, “a quien las ninfas transformaron en escarabajo pudiendo así volar a la cumbre del (monte) Parnaso”. Y añade que “igualmente, a los habitantes de Parnaso —ciudad fundada por Parnaso, hijo de Poseidón que inventó el arte del augurio—, les despertó el aullido de unos lobos, a los que siguieron a la cima de la montaña. Llamaron a su nueva ciudad Licorea, en recuerdo de los lobos”.
Pero el diluvio universal no solo es mencionado en las leyendas de la mitología griega y en la Biblia. En las diversas culturas alrededor del mundo hay más de diez referencias de que ocurrió esa inmensa inundación, incluyendo las culturas de las Américas como por ejemplo la maya y la incaica.
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