VIVIR BONITO
Y para los que pensábamos que ya nada nos puede sorprender, ahí está: se decreta “vivir bonito” en Nicaragua. En correspondencia, se prohíbe “vivir feo”. Así que prepárense. La orden es un país de maestros con sonrisas en la cara, funcionarios y alcaldes bailarines (¡tiene derecho a reírse, de eso se trata!), gente limpia y bien vestida, niños por doquier jugando y cantando “doña Ana no está aquí, anda en su vergel”, policías persiguiendo a los bota-basura que bien merecido se lo tienen, vecinos pintando sus casas, limpiando las calles, y, si no es mucho pedir, cantando y haciendo coreografías mientras barren. No olviden sonreír. Es el nuevo reino de la felicidad. Y no es asunto de que usted quiera o no quiera “vivir bonito”, tiene que hacerlo. “El Gran Hermano” vigilará garrote en mano que usted lo haga.
JERRY MAGUIRE
¿Se acuerdan de aquella película, “Jerry Maguire”, que protagonizó Tom Cruise? Pues sucede que Jerry Maguire en una noche de insomnios, remordimientos y asco sobre la vida vil que llevaba, se dedicó compulsivamente a escribir un famoso memorándum que esa misma madrugada distribuyó en múltiples copias, y que a la mañana siguiente todos aplaudieron avizorando, sin embargo, su desgracia. Estoy casi seguro que el documento “¡Vivir limpio, vivir sano, vivir bonito, vivir bien..! tuvo un nacimiento similar. Tómense el trabajo de leerlo, y no le será difícil imaginarse a doña Rosario Murillo, tal vez, en una madrugada de lluvias y truenos, tecleando furiosa arrobas y signos de admiración, para al final contemplar exhausta las 58 páginas que definen letra por letra el país en el que quiere vivir. La gran diferencia es que a Jerry Maguire lo despidieron por eso, y en Nicaragua el documento se ha vuelto ley de la República y estamos obligados pues… a vivir bonito.
IDEA ORIGINAL
La verdad a mí me gusta el documento. Todos estamos de acuerdo que queremos un país sin basura, con maestros y niños sonrientes, vidas sin ostentaciones, ciudadanos limpios y bien bañados, pero ¿es así como se consigue? Si fuese así, ¿por qué nunca se le ocurrió obligar a la felicidad por decreto a otro montón de países desgraciados? Hay que venderles esta original idea.
OTRO MANUAL
En mi particular, entender sería más fácil “vivir bonito” si doña Rosario Murillo escribiera y aplicara un manual donde se dijera que Nicaragua ya no será más el país de un caudillo, que será uno donde los funcionarios serán elegidos por su competencia y preparación y no por sus lealtades partidarias, donde la ley se respeta parejo, donde los ciudadanos eligen a sus autoridades libremente, donde se cuentan los votos de esas elecciones, donde ninguna familia gobernante se enriquezca a costilla del poder y el erario, donde los corruptos vayan a la cárcel y no a los más altos cargos en fin, doña Rosario, ojalá haya pronto otra noche de insomnios y remordimientos y tome en cuenta estas ideas, que eso sí, definitivamente, nos ayudará a vivir bonito a todos.
VIVIR FEO
Lo que sucede, doña Rosario, es que es fácil para los que viven bonito reclamarle a la otra gente, a la que vive feo. “Si no tienen pan, que coman pasteles”, dicen que dijo otra señora que creyó tener una solución fácil a los reclamos de hambre que hacían los pobres en Francia hace más de 200 años. No crea mucho en la sonrisa que verá en los maestros. Son forzadas. Ni en las fotos y vídeos de niños jugando que le lleguen. Son simulados. Hay gente que le toca vivir feo. Y hay a otros, eso sí, que les toca vivir bonito. “Sí, sí, hay que vivir bonito”, dirá seguramente don Roberto Rivas leyendo el documento en chinelas, en la mansión que se dio a hacer en San Juan del Sur y con sus 14 carros de lujo en el parqueo.
EL SULTÁN NICA
Y quiero terminar esta columna con eso. Ya es bastante feo, doña Rosario, que los funcionarios de Aduana le perdonen millones de córdobas a don Roberto Rivas, cuando ese dinero podría servir para ayudar a que mucha gente viva bonito. Tal vez unas escuelas o algún centro de salud. Pero todavía es mucho más feo reconocer que el nivel de corrupción en su gobierno es tan grande que un funcionario, sostenido por ustedes ahí, puede comprarse en un solo día 14 vehículos de lujo. ¿De qué nivel de riqueza estamos hablando? ¿Qué sueldo, qué empresa, qué herencia permite esos gastos de sultán árabe aquí en Nicaragua?
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A