Sophie Estienne/AFP
La tecnología invade ya las cunas de los bebés con productos que tienen como objetivo a niños cada vez más pequeños, y cuyos fabricantes alardean de sus virtudes educativas.
El fabricante de juguetes estadounidense Fisher Price mostró en el Salón de Electrónica de Consumo (CES, por sus siglas en inglés), realizado esta semana en Las Vegas (Nevada, oeste de Estados Unidos), un objeto en verde brillante con dos anillos para llevar el puño hacia los dientes. No se trata de un sonajero, sino de un estuche para iPhone, que lo convierte en utilizable para los bebés de seis meses.
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“Vemos todo el tiempo a madres que le pasan el aparato a los bebés para que se entretengan”, y Fisher Price se inspiró en ello para fabricar “un instrumento de aprendizaje”, explicó Julia Maher, una responsable de marketing de la marca.
Este objeto le da al teléfono el aspecto de un libro y se utiliza con aplicaciones específicas y descargables. Cuando el bebé abre la primera página, se conecta la lectura de un cuento y puede dar vida al personaje tocando la pantalla táctil del dispositivo.
“A los bebés les gusta pasar páginas”, subraya Maher, “nosotros convertimos eso en interactivo”.
A partir de los 18 meses los niños pasan al iPad, con otro estuche que añade un verdadero juguete a la tableta informática, que puede convertirse en una granja con animales o en el fuerte de un castillo.
EL BOOM
Por su parte el francés Lexibook expuso en el CES una verdadera tableta para niños, colorida y resistente a las caídas, con accesorios como una paleta de pinturas. Edad aconsejada: entre 4 y 8 años.
“Pero los niños tienen la capacidad para utilizarlo a los 2 años”, indica Robert Manlin, un comercial de la empresa.
El boom de las pantallas táctiles, de uso muy intuitivo, favorece el uso de los aparatos electrónicos por parte de los niños.
Hay quien se preocupa por ellos, como la Asociación Estadounidense de Especialistas en Audición y Lenguaje (ASHA, por sus siglas en inglés), que acudió al salón para hacer campaña sobre los riesgos de la exposición prolongada a sonidos demasiado fuertes, especialmente para los oídos de los más pequeños.
“No es tan diferente de cuando yo era joven, cuando la gente se preguntaba si los niños veían demasiado la televisión”, estima igualmente Bill Hensley, vicepresidente de la compañía Wanderful, que propone aplicaciones para pantallas táctiles sobre la lectura.
Como en un verdadero libro, a cada página le corresponde un texto y una imagen. Las palabras se iluminan mientras el libro va leyéndolas y el niño puede apretar sobre la que él quiera para volverla a escuchar o sobre los personajes del libro para verles en movimiento.
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